jueves, 28 de abril de 2011

Cerezo desflorado






Por eso.


Porque tiene tu pelo


el mismo tacto que el césped recién cortado,


porque me recuerda al bosque,


porque me recuerda a nosotros, a nuestro árbol


y al Paraíso, sí,


ese que Adán y Eva se cargaron.


Confiésalo, ¿probaste el fruto prohibido?


Yo, lo admito, le di un buen bocado.


Y ahora...


ahora me atraganto


con la semilla que me has sembrado.


Por eso.


Porque tienen tus ojos


la sabiduría del roble


milenario,


porque hueles a pan crujiente,


a fresas con azúcar, a almendras tostadas,


a chocolate amargo.


Por eso y por tantas otras cosas


he pecado.

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