martes, 26 de junio de 2012

Testamento inacabado

Y qué si se trata de mi propio infierno y qué si me disfrazo si me pierdo si me dejo mecer por otros brazos por otros hombres por otras sábanas manchadas
Ya nada y todo siempre nada en el mar pantanoso de mis ojos enloquecidos a punto de hundirse en el fondo oscurísimo de este túnel sin paredes ni luz ni suelo ni compañía
Me sobran dedos en las manos para contar los instantes de gloria y tendría que amputármelos todos si quisiera olvidar las horas de pañuelos de papel almohada húmeda y rojeces diversas en sitios específicos
Tanto libro y tanta libreta y tantos tantos bolis sin tinta encima de la mesa y entre los pliegues de mi cuerpo envenándome reescribiéndome resucitándome apenas
Para morir no hace falta morir de una enfermedad o de un atropello basta con fingir que te mantienes vivo mientras tus vísceras envejecen día tras día noche tras noche
En la tumba ya no me quedará voz para decir estas cosas o seguramente sí tenga voz pero no palabras porque las palabras caducan como los calendarios o los yogures o las tarjetas de la seguridad social
Con la que está cayendo con la de miles de personas que no tienen trabajo con la de malestar social que reina en todas partes cómo no desbordarse cómo no desmoronarse cómo no desesperarse ante lo insulsa que puede ser una vida sin gente que te apoye que te limpie los lagrimones y que te quiera cerca
Aunque al día siguiente cojas un avión y te marches lejos lejos donde nadie pueda rescatarte
Hoy ni siquiera tengo a Pizarnik y me lloran las uñas de los pies




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