martes, 1 de mayo de 2012

Museo de ingenuidades

A la inocencia, siempre
Al amor, nunca
A M., ahora



Como una fugitiva que abandonase

                el lecho a la hora temprana

 en que

su esquivo amante duerme

bajo una nube                  

de sábanas

Así no he huido yo

 -al alba-

cuando la mejilla derecha

ha empezado a notar

desconocido el olor de

la almohada

El calor ajeno bajo

el edredón

de un cuerpo no muy diferente al mío

y sin embargo

tan distinto

-anoche-

La mejilla no ha tardado en contagiarme

 su extrañeza

Y ya mis ojos deberían haber averiguado

 el paradero de mis gafas

Pero no.

 Y de repente:

una voz                               un sonido ininteligible

 un murmullo apagado

Y más tarde:

 un ronquido animal como de tigre

 conteniendo la carcajada.

¿Quién ha metido una fiera en mi casa?

Aunque…

-Espera-

 si esta no es mi almohada

 ni ese mi despertador

ni llevo puesto el pijama

¿Habré sido raptada?

Me paro a pensar

y no recuerdo lo que

 estaba pensando

-anoche-

en sueños

Como si esta cama me hubiera robado

un pedazo          un fragmento                  de

 inexistencia

Mi secuestrador parece

un guerrero

preparado para entrar en batalla

de un momento a otro

Y da patadas,

 como un niño en el vientre

del vientre…

 de su poseedor

No encuentro el broche de las  botas

Ni los cordones del         sujetador

Sólo un ataúd                   negro

que me mira de arriba

 abajo

Como intentando desnudarme

 y

me decido a no mirar

Dentro

Por si me caigo

                -en el fondo- todo ha sido fácil:

recoger mis cosas y salir

de pun ti llas

Como si hubiéramos hecho

 algo malo

-anoche-

Mientras Tú

 las acariciabas y Yo los acariciaba:

Cuerdas tensas                     /         rizos elásticos

Notas roncas

 escapando de los            Dos

                -Es el paraíso-

me dijiste

-O el infierno visto

desde abajo-

Pensé   mientras

el corazón se debatía

Entre estallar         o          contraerse

hasta volverse un objeto

 más

o parte de las vitrinas invisibles

que forman tu museo de ingenuidades

para locos.

Hemos luchado y has ganado

Te mereces algo más

 que un beso

Y me gusta verte de vuelta

Jinete negro

 entre la polvareda

Héroe mestizo                 Dios malherido

Que acude a mis manos

y si pudiera

-anoche-

Te habría clavado las uñas

hasta gozar tu pena

Vibrar en tus pesares    ocultos

Y nada más que eso


Por fin desaparezco de tu

 cabeza

Y salgo al mundo de lunes

 a las ocho y media

Pero los edificios no eran            así          ayer

Y las personas no tenían

Esa ridícula         línea      curva

 en los labios

Cierro la puerta de golpe

y me voy

No taconeando…

Ni lloviendo…

Ni sintiendo…

Simplemente me marcho           y tú duermes

Hablas en sueños

Me llamas

entre llamas

de un incendio ficticio

que he metido en un cofre

–ése-

Para que cuando despiertes

si es que sigues vivo

Te duela la garganta       y una lágrima

caiga de tus ojos defectivos

al pensar en la cebolla

que desayunamos

-anoche-


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