miércoles, 7 de marzo de 2012

De por qué nunca me gustaron las matemáticas

Dos cuerpos redondos y desnudos
en el rectángulo blanco
de una sola sábana.

Dos formas geométricas puras
con los ángulos rozándose
y las aristas mezcladas.

Dos casos aislados
de trazado imperfecto
sin teorema de Pitágoras.

Nuestros yoes, nuestros egos,
la longitud de los catetos,
la hipotenusa bastarda.

Dos poliedros solamente.
Piezas lógicas sin sueños,
sin sentimientos, sin almas.

No existe fórmula numérica
que pueda someter a la palabra.

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