lunes, 23 de abril de 2012

La intrusa

A mi vecina del piso de arriba
Llegaste sin avisar
 y pasaste
sin haber llamado a la puerta
-Qué maleducada eres
 no sé cómo tienes la
 cara de venir a estas horas...
Que sepas -y no te lo digo con cariño-
 que no pienso escuchar
tu absurdo retitín
y las quejas posteriores
Que no soporto que me provoques
ganas de esto
y de lo otro y que
 encima
-para más inri-
te comas las provisiones de mi nevera-

(...)
-Pero...¿qué?
¿Ahora vas a callarte?
¿Ni siquiera balbuceas
una mísera rima?
No me lo creo, después de tantos
 años juntas
y que ahora me hagas esto...
a mí!
Habla, por dios, di algo...
...lo que sea
No me dejes así:
desnuda
sonámbula
tan sola y a oscuras
en medio de la
cama
bramando vociferando incluso
a mitad del parto doloroso
de este cabezón hijo mío
-lloroso poema
sin bautizar todavía-

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