martes, 27 de septiembre de 2011

No hay dónde






Desde dónde vengo.

Hacia dónde voy en este momento

y con estos ojos

llenos de luz en la tormenta.


Por qué son tantas las letras

que separan los morfemas

de nuestros verdaderos nombres.

Porque tenerlos los tenemos,

aunque los hayamos perdido

por no pronunciarlos lo suficiente

y tantas veces, hasta desgastar las sílabas

con el roce de las cuerdas vocales.


Cuándo vendrás a arrodillarte

a los pies de alguien ya moribundo,

tan penoso y frágil

que ha tocado fondo en el estanque sucio

del Retiro, y ni siquiera los patos

quieren saciar el hambre con sus restos.


Cómo sabré que no me adoras

en el silencio de tus ojos graves,

si me miras, tan perplejo y solo,

desde la torre más alta del castillo,

fortaleza inútil de cobardes.


Quién me dijo a mi que tú eras príncipe

que habría de quitarme el sueño

con un beso inexacto en los labios

y que me dormiría cada noche

escuchando una canción de cuna

en un idioma difente.


Desde dónde vengo.
Hacia dónde voy.

Hasta dónde llegaré

si mi dolor no tiene nombre

y se apellida jiménez.













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