Recuerdo aquel día como si hoy fuera entonces
y esa cama fuera esta cama
y esas manos fueran estas otras manos
que nunca te pertenecerán.
Nos recuerdo cansados y algo confusos
después de aquel juego hueco
que suponía el amor y sus vaivenes
y la posesión enfermiza de los cuerpos.
Si mal no recuerdo tus ojos abiertos
dudaban de la legitimidad
de nuestros actos y yo no podía
hablar y decirte que eso no era
lo que había leído en ciertas novelas.
Me recuerdo cohibida y aovillada
cubierta con el traje de mi piel,
sembrada de pálidos desperfectos
y te recuerdo maravillado
o dormido a la sombra
del vello sedoso de mi mente,
extrañado ante la estatura firme
del pez onírico tan lejos de tu ser.
Nos recuerdo y me asombro
de poder todavía evocarlo
con una nitidez absurda y irrepetible
como si fuera la primera y última vez.
No quiero más recuerdos que zapatos
en el armario y no quiero tu risa
ni tus sabores, ni la lengua salvaje
en la que hablábamos.
Prefiero recordarte solo a veces
cuando me miras despacio y me da por pensar
que estábamos equivocados
y que solo improvisábamos, en el fondo.
sábado, 3 de diciembre de 2011
Filosofías que no son tales
La poesía porque va de dentro a fuera,
el sexo porque va de fuera a dentro.
Orígenes paralelos- un mismo fin:
desintegración absoluta de los cuerpos
* * * *
El amor, como la materia,
ni se crea ni se destruye:
solo se transforma.
Porque todo, al fin y al cabo,
forma parte de lo mismo:
ese puto átomo
que tienen todas las cosas.
* * * *
AVISO:
queda terminantemente prohibido
aquí y ahora
subir o bajar en marcha
allí y entonces
Permanecer junto a las vías
luego y donde sea
cruzar el andén.
Yo escribo poemas-escudo:
Atención señores viajeros
Es la ventaja de no tener
Peligro de muerte
más arma que mi piel.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Estideces de mi vida
Tras la cortina de lágrimas
el universo entero se vuelve abstracto:
palpitan las pupilas en el lago,
escuecen las mejillas con rabia
y las gotitas se deslizan sin prisa
nariz abajo, mentón, barbilla y nada.
Te veo en todos tus regalos,
en los osos-llavero, en los atrapasueños
en las gafas de ver-la-vida,
en las botas que te compraste
y luego no te gustaron.
Te veo en los gatos abandonados
en el chocolate milka,
en el suchard, en los kinder bueno
y en el envoltorio rojo del bombón
que aún no he probado.
Te veo en las fotos del verano pasado
y todos los anteriores,
haciendo muecas simiescas,
posando sin gracia alguna
-siempre fuiste demasiado natural
para esa clase de formalismos-.
Te veo embarazada de croquetas
y llorando con la lengua fuera
al haber caído en la trampa
de los pimientos del padrón;
te veo en la cama de al lado
silenciosa ruge-estómagos
y sé que estarás callada
hasta que te quedes dormida,
porque no te gustan las confesiones
con legañas en los ojos,
así que charlamos en sueños
para que nadie nos diga
que no somos las mejores
amigas de cuantas existen
en este planeta: tierra
pisada por un pie del 40
que guía mis amaneceres.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Meditacciones
A veces pienso que si pudiera
me sacaría el corazón del pecho
y lo pondría a secar al sol
sin pinzas en los extremos:
tal vez así se lo llevase este huracán
de nubes y hojas amarillas
que es mi vida y la tuya, y la suya,
y la de tantos, muchos otros...
esos que pasean su malestar por las calles
y en vez de recibir aplausos,
o palmaditas de apoyo en la espalda,
son perseguidos por aquellos
que dicen ser honrados ciudadanos
y llevan a sus hijos a la escuela
donde las víctimas trabajan.
-No tenemos miedo-
reza en todos sus pancartas,
y me lo creo:
porque tienen soles pintados a golpes
en sus brazos cansados,
porque tienen tantas estrellas en los ojos
que no pueden cerrarlos
y dejarse llevar por la riada
de insensatez y desvaríos
que exhiben los políticos en campaña.
Por eso, si pudiera hacerlo,
juro que dejaría el corazón tendido
a modo de sábana en la terraza,
para que todos admirasen
sus costuras mal hiladas y los agujeros
que el tiempo va horadando a cada paso
en su blanca superficie:
será que las heridas sangran
de manera muy queda y sosegada,
será que este país se despereza
con ojos resacosos
después de una larga borrachera
apenas percibida de unos pocos.
Volvamos a vivir y
volvamos a salir de la cama:
-vomitemos la verdad para quedarnos a gusto,
queridos españoles de a pie,
estupendos vagos.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
La mirada fantasma
Te miras. Estás mirándote a ti mismo reflejado en el cristal de la ventanilla del tren.
No te miro. Pero estoy mirando tu yo reflejado en el mismo cristal de la misma ventanilla en el mismo tren.
Entonces sientes el asedio de mis ojos en los tuyos falsos, que parecen asomarse desde el otro lado del cristal. Y tu otro tú me devuelve una mirada intensa, teñida de nostalgia y de: "quiero salir de aquí y hacerte pedazos".
En ese momento parpadeo y el contacto visual se pierde un instante. Al abrir los ojos de nuevo, tu reflejo ha girado la cabeza hacia la derecha, y contempla absorto mi propio reflejo, del que hasta ahora no había sido consciente.
Veo nuestros reflejos mirándose de refilón y sin prisas.
-Haced algo! !Moveos!-quiero gritar. -Pero ellos no me escucharían, porque son solo reflejos, sombras proyectadas en la nada.
Los miro mirarse entre sí y sonrío. Yo no puedo hacer lo mismo que ellos, y les envidio, porque sé que si miro a la izquierda tu no estarás.
Estamos pasando un túnel. Y al final del todo está la luz: nuestra enemiga íntima.
Tu reflejo se desvanece por fin. El tren se detiene, la puerta se abre y nadie baja.
Eres un viajero sin destino que siempre está esperando la parada adecuada.
No te miro. Pero estoy mirando tu yo reflejado en el mismo cristal de la misma ventanilla en el mismo tren.
Entonces sientes el asedio de mis ojos en los tuyos falsos, que parecen asomarse desde el otro lado del cristal. Y tu otro tú me devuelve una mirada intensa, teñida de nostalgia y de: "quiero salir de aquí y hacerte pedazos".
En ese momento parpadeo y el contacto visual se pierde un instante. Al abrir los ojos de nuevo, tu reflejo ha girado la cabeza hacia la derecha, y contempla absorto mi propio reflejo, del que hasta ahora no había sido consciente.
Veo nuestros reflejos mirándose de refilón y sin prisas.
-Haced algo! !Moveos!-quiero gritar. -Pero ellos no me escucharían, porque son solo reflejos, sombras proyectadas en la nada.
Los miro mirarse entre sí y sonrío. Yo no puedo hacer lo mismo que ellos, y les envidio, porque sé que si miro a la izquierda tu no estarás.
Estamos pasando un túnel. Y al final del todo está la luz: nuestra enemiga íntima.
Tu reflejo se desvanece por fin. El tren se detiene, la puerta se abre y nadie baja.
Eres un viajero sin destino que siempre está esperando la parada adecuada.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Calles de acera inoxidable
Vas mendigando deseo por las calles,
calles mudas que hablan sin palabras,
calles que terminan en muros invisibles,
calles grises de luz asfaltada.
Madrid se vuelve opaca en sus matices,
la vida se concentra en un paraguas:
viajero irracional sin cicatrices,
milagro de color en la grisalla.
Todo tiene un olor a polvo seco,
por mucho que la acera esté mojada.
El sexo es quien os mira desde lejos:
ojos lascivos apuntan y disparan.
Los días grises de una sola nube
propician estos sucios intercambios:
tacón de aguja al pie de una farola,
palabras tabú en los diccionarios.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Besos literarios I: La lucha de titanes
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mi manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
(Julio Cortázar; Rayuela)
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mi manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
(Julio Cortázar; Rayuela)
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