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lunes, 18 de noviembre de 2013

el arte del ceceo

A mi alegre Ce Ce, 
mujer alucinante y verdadera
rizada y absoluta entre la gente
  te acercas a mi vida y la levantas
         
       tu risa con su acento repentino
        me abraza    y se abraza   y desde aquí
                   se ve la tierra inmensa  tierra tuya
     
   desgranada, me asomo a su misterio:

       envidio tu energía o el calor
     de tus palmas abiertas y sencillas

         hemos cambiado de patria, vos y yo
  
        así   mudar la piel   lamer
                      la forma limpia de mirar al frente
             
       compartimos raíces, Celia

 hijas  sí   de un mismo árbol que crece 
        en los campos eternos de la pampa
   en la sierra canosa granadina
             o en las calles de rimas madrileñas

            aquí te dejo el corazón caliente
      y me vuelvo a marchar con los sabores
                       que intuyo en un verso del futuro
capaz de reencontrarnos
                                          y salvarnos.






              
  

jueves, 27 de junio de 2013

complicaciones del parto

"La inspiración es lo que se te escapa
cuando sos literatura"
(Magui Testoni)

A mamá

imagina por un instante que tienes una hija de veinte años
               que escribe poesía       -o lo intenta-

  ahora imagina que tienes una poesía de veinte años
       (con casi 5 dioptrías en cada ojo
                   que se muerde las uñas
                            con dos piernas un ombligo para adentro
                          piel y habitación desordenadas)
                    a la que llamas hija:
                                               imagina esa poesía
              y entenderás a qué me refiero   (...)

              no puedo hacerte florituras
                      decir te quiero a gritos      o borrar el poema
                porque soy yo la que está     entre     los    espacios
                                   soy yo quien calla lo que siente      y
                                         soy yo la palabra que anhela ser tu niña

                    perdona mis errores y la tinta entre los dedos:
                                   no puedo evitarlos
                
                mamá
 no hace falta ser poeta para ver lo que tengo delante
                           lo supe entonces y lo sé ahora:

                                      por tus ojos azules desfila el Universo.

lunes, 3 de junio de 2013

una valenciana casi maña en tierras inglesas

a mi amiga Clara, allá en donde las vacas y la comida picante,
donde el sol es intuición y delirio

fuera hace frío pero
       tú nunca cierras la ventana del todo

tus pasos son firmes y no tiembla tu lengua aunque 
          hables otro idioma de repente
 en el fondo sigues siendo la misma mujer
     clara y sencilla de hace varios años
             cuando todavía no éramos nosotras
   y nuestras gafas eran similares

     ahora soy más miope que antes pero
puedo decirte que me encanta verte de pie
con esa falda ajustada
         blusa de encaje  zapatos sin tacón
                         medias finas
porque te mereces todos los ojos del mundo
     fijos en tu cintura 
               a punto de cometer un crimen 

  rebosas energía española y lo sabes
      tienes ese don para hacer bien las cosas
         dulzura materna   tacto de manzana
    y apetito de lobo

         inagotable amiga:
   no olvides el pimentón en la tostada
     ni que tu casa está aquí, donde el calor
                                         en este hueco preciso: (    )

fuera hace frío pero
     tú nunca cierras el corazón del todo...


miércoles, 20 de febrero de 2013

Quinto boceto: mujer de carne y verso

A veces cuando me habla y mi cabeza se encuentra
debajo de la suya sobre la almohada, y veo su mandíbula,
 el hoyuelo, veo en su cuello a la mujer, la veo
profunda, y comprendo que es una de las mujeres
más mujer que he visto  en mi vida, una negra de eternidad,
incomprensiblemente hermosa y para siempre triste,
profunda, calmada.
(J. Kerouac)

A  Eme  

Dices que
Eres
Que estás
Aquí mismo
   Puedo tocarte
                    Pueden tocarte otros
            sí
                      No eres un sueño
                                                                      No eres mi sueño
                                                                       Sino el de muchos

                                                                    Trataron de pintarte
                                                                        Y fracasaron
         pero
                                                                       Yo siempre supe
                                                                Que escaparías del papel
                                                             Risa detenida en cada rincón
                                                                  Vestidos desordenados
                                                                  Danzarina lengua de luces
                                                                                  y
                                                                          En lo hondo

                                                                  Mujer para ser y estar
                                                                      En los ojos ajenos
                                                          o  enamorarnos de ti por tu todo
                                                                       Y odiarte luego
          Por no ser de nadie
         Entera y eternamente

                   Eme
       mujer de carne y verso
       mujer de beso y sangre
            
                                                            

domingo, 9 de diciembre de 2012

Imaginario II


Siete colores, catorce, veintidós.
Las montañas se mudan de vestido, tratan de no repetirse: son cambiantes, imprevisibles, grandiosas.
Tres mujeres como tres montañas se miran en ellas, entre ellas. Parecen gigantes.
Son parecidas porque están compartiendo un pedazo invisible de la Pachamama. Inexplicablemente, se entienden bien: berlinesa, parisina y española. Inexplicablemente.
Cada una de ellas cree que conoce una ciudad diferente, a la que pertenece por el simple hecho de haber nacido allí. Allí nacieron desnudas, conocieron el amor o el deseo, fueron más o menos felices, y al cabo del tiempo, al mirarse en el espejo se dieron cuenta de que todo lo que creían tener no les pertenecía en absoluto.
Seguían desnudas, y huyeron.
Escalaron montañas mientras sentían que alguien las iba escalando por dentro. Su cuerpo de repente vacío de vísceras, de humo, de hijos; su cuerpo ebrio de vida y naturaleza o pájaros. Tres mujeres desnudas subieron tres montañas vestidas. De luto jamás, siempre tonalidades encendidas, llameantes.
Un nombre: Purmamarca. Y muchos destinos posibles.
Nadie las espera en ningún lugar, alguien las espera en todas partes. Una, la más pequeña, ha dejado de tener miedo, simplemente sube hacia arriba y mira el barranco con otros ojos, ojos abismo azul oscuro.
Venía del amor y de la guerra, de la tortura misma, de un campo de desconcentración.
Su color era o había sido el rojo. Sangre efervescente navegando sus venas, sus poemas. Había amado, había desamado y vuelto a amar. Ahora no sabía hacer ni una cosa ni la otra, era una mujer sola que huía de su soledad para encontrarse con nuevas y distintas soledades.
Fotografió los arcoiris con el pensamiento y tarareó melodías argentinas. Una zamba, el recuerdo de una voz  grave cantando payadas que enamoraban su corazón chiquito. La hoz del tiempo maltrataba su mente, la condenaba a a seguir y seguir soñando. Los sueños eran de tinta, tinta corrida sobre el papel.
Descendieron la montaña y cada una siguió su senda, su sendero que se bifurca. No volvieron a a coincidir a pesar de sus promesas iniciales, las tres mujeres.
Tampoco regresaron a sus países, ni hicieron el amor, ni dejaron de amar aquellas montañas que eran suyas, nuestras, mías.

(Pensado en Purmamarca, Jujuy)

viernes, 29 de junio de 2012

La gema perfecta

A la auténtica Gema Palacios, mi madre
Dices que eres débil porque tus huesos
son de una fragilidad extrema,
y que tus manos se deshilachan
como botones a punto de quebrarse por dentro.
Y es cierto, ya no eres la chica de la melena,
y de los pantalones cortos y del bikini rosa.
Ya no eres esa porque eres esta de aquí:
la que me mira, se sonríe y adivina lo que pienso,
la que se enfada si hago las cosas mal
o si las dejo a medias o se me olvidan, pero
lo que no se me olvida es que hace veinte años
que lo sacrificaste todo por mí
para convertirte en una artista
que cultiva a sus hijas con el mismo amor
con el que toma un pincel entre los dedos,
y retrata el paisaje de sus días,
de sus noches, y de los aguaceros
que le quedan todavía por vivir.

Después de veinte años me separo de ti
y estaremos muy lejos, y te escribiré
largos poemas con perfume a nostalgia.
Y te juro que volveré siendo la misma,
pero más como tú: más valiente, más sabia
     más hermosa...

Aunque nunca vaya a tener unas piernas tan largas,
y unos huesos tan firmes como los tuyos, mamá.

sábado, 23 de junio de 2012

Mujeres diminutas

A Marina y Lucía,
ardillas saltarinas
sobre la hierba mojada.
Dos niñas son
risas multiplicadas besándose
sobre la hierba ante mis ojos abiertos.
Se tocan y se ríen y se hacen cosquillas
juegan a deslizar la mano por la espalda
gemela en una postura indescifrable
               y artística   -muy lenta-.
Se huelen el alcohol en la boca y en las
pupilas dilatadas con rastros de dinamita.
Se saben tan niñas tan rubias tan dulces
que lo de sus abrazos es fraterno y tímido
como si de dos hermanas se tratase.
Ya no sé quién le robó a quién la inocencia
la sabiduría el miedo a fracasar
el miedo a proclamar a voz en grito
su amor puro como el intestino verde
de una flor atravesada
por una cerilla.
Ruedan a mi lado otros cuerpos suenan
en mi oído otras voces
-otros, otras, muchas, muy distintas-
                pero ninguna así:
con esa sencillez tan exquisita
envuelta en un vaivén de anocheceres
ante mis ojos satisfechos
contemplando el milagro que sois
vosotras niñas doradas
                    niñas adultas
ebrias de ese cóctel prohibido
al que yo llamo libertad.




jueves, 19 de abril de 2012

Mujer de perfil leyendo un libro



Derramada la luz sobre el vestido
sales de tu cuerpo y te revuelves
en torbellino inexplicable que pudiera
romper cadenas, quebrantar leyes.
Te yergues en postura tan soberbia
que enloquecido el libro en tu regazo
volaría a tus labios pajareramente
y de un zarpazo atraparía con violencia
la lengua que a los hombres aborrece.
Perfil augusto, estatua inaccesible
de iracunda mirada huracanada
que devora lujuriosa las portadas
y chupa con fruición los contenidos,
ya sabes que eres y serás hermosa
mientras el aleteo de tus párpados corrompa
la lluvia que resbala blandamente
sobre tus manos suaves, sosteniendo un libro.