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miércoles, 2 de octubre de 2013

Poema sobre un poema desaparecido

En agradecimiento a Ara Malikian y J. Luis Montón,
porque su música es vida, y empapa.

Risa crujido y pulso que desgarra
     labios de esparto    ojos de una sola gota

          vientre dormido de violín y llanto
      materno de guitarra

                               manos con dedos pares
     y, ante todo,
          silueta de mujer entre las hojas.

 Todo es tan sencillo como descubrirse
                 los brazos al sol
                          perder los versos o incluso
            afinar
                       los ojos del ladrón,
                              y saberlos ahí:                  dilatados,

                                                   sangrantes.
            
      

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Uñas

despacio, se clavan

       redondeadas pero siempre certeras, tus uñas
desgarran lo que tienen delante:
               ojos sueños atardeceres piel
                  piel pedazos de existencia tan temprana
          
                  las pinturas se tambalean
    tu mano se tuerce y la gota resbala del pincel
                        manchando un cuadro de pena
         manchando una cara de negro

                           dolor que flota y se posa en mi hombro
               deliberadamente  mansamente
       dolor que es rabia pero que sobre todo es uñas
                        desgarrando vidas por dentro

              ciega, no tengo dónde esconderme
    y el amor queda lejos o ni siquiera eso 

               (...)

           amor, fantasma rubio,
                     a punto de arrojarse al vacío 
                desde el puente ficticio de mis labios
    hasta mis manos torpes
                                  cóncavas  
                                           sin uñas
                

           


martes, 19 de febrero de 2013

Aguaceros porteños*

El vértigo. Cada mañana el mismo vértigo al escuchar una voz indefinida que anuncia esa parada en la que no debo bajarme, aunque lo desee con mucha, muchísima fuerza. Es la siguiente, Gema, no bajes del jodido metro o llegarás muy tarde. Pero algunas veces no puedo evitarlo, y me bajo; me bajo en "República Argentina", respiro profundamente hasta escuchar el pitido que avisa del cierre de las puertas, y después de unos instantes miro a mi alrededor.

El maxikiosco del andén me saluda, con su despliegue de alfajores, y ardo en deseos de comerme uno, aunque sé no me gusta el dulce de leche. La chapa verde de la pared tiene unas letras blancas, grandes y orgullosísimas, que me detengo a leer en voz alta, como una niña chica inexplicablemente feliz. Scalabrini Ortiz. Pronuncio la zeta final como una ese. Qué lindo suena y qué fácil.
Titubeo un poco antes de elegir la salida: ¿izquierda o derecha? ¿Santa Fe al cuatro mil y algo, o Scalabrini al tres mil no sé qué?

Y qué más da, pienso en secreto. Todas las salidas conducen al sitio donde quiero estar; eso es lo que cuenta. Subo las escaleras tan rápido que me tropiezo en el décimo escalón: el de siempre.
Todavía no he salido a la calle y ya puedo escuchar el tremendo bullicio urbano, la algarabía imposible de silenciar de este cruce de avenidas que es un caos, pero es mi caos, y eso me encanta.
Los vendedores de frutillas y bananas (ojo, nunca plátanos) taponan la vereda, pero la gente sonríe al caminar, sonríe al mirar y sonríe al sonreír. Espero pacientemente a que todos esos bondis pasen para cruzar, no querría morir aplastada por el 141 en este instante, y rehago el camino habitual. El restaurante de la esquina está lleno de gente, bendita promoción de café + medialunas, aunque sea temprano, y algunos negocios abrirán más tarde. Al pasar delante del locutorio y rapipago pienso que capaz debería recargar el saldo del celu, pero lo dejo para más tarde. Echo un vistazo en esa tienda de decoración del hogar modernita, sin deternerme del todo, y atisbo de reojo en el interior del compro oro, que también hace la función de trapicheo de billetes, y me pregunto si estará el pibe chamuyero que siempre se intenta levantar a Eme. Siguen de ofertas en el Palermo loko. Huele a la panadería del seis muñoncitos de pan, por favor y al lado, la tienda de alfombras. Dejo atrás el puestecillo de flores, abierto a todas horas, y la tienda de productos naturales y dietéticos, en la que nunca he entrado. Sigo adelante.

En el interior del supermercado Eric sigue la china malhumorada. Los tres tipos de la frutería están ordenando cajas, y los de la tienda de pastas La Luisita siguen apoyados en el mostrador, re aburridos. Sonrío a los señores del Varela-varelita, donde una vez vi a mismísimo Ricardo Strafacce, y donde un día se sentó mi querido Libertella. Doy la vuelta para regresar, porque el carrefour queda a unas tres cuadras y no me apetece caminar tanto. Al llegar a la esquina de Bianca siento los ojos nublados de la emoción, y a través el cristal vuelvo a revisar los sabores, pero sé que siempre que vaya voy a pedir el mismo: chocolate y frutillas a la crema. Ay.
Puedo ver mi casa. El balcón del octavo y último piso, la luz del portal, la cabeza de Héctor, el portero bruto, y el inconfundible olor a asado que flota siempre en mi calle: Charcas. Me sorprende que la persiana de la ventana esté bajada; a estas horas, Petri ya debería haber llegado. En el ascensor no hay ninguna vecina encerrada; en el séptimo ya no vive la chica joven que se llama Ariadna. El buzón está vacío, y ninguna de las dos llaves que son casi idénticas encaja en la cerradura.

No encaja, no encaja, no encajan las llaves. Yo tampoco encajo: y no lo puedo entender.

*El título es una variante de la colección de artículos de Roberto Artl: Aguafuertes porteñas. 


martes, 11 de septiembre de 2012

Esta otra utopía

Cómo voy a creer/ dijo el fulano
que la utopía no existe
si vos/ mengana dulce
osada/ eterna
si vos/ sos mi utopía.
(Mario Benedetti)
U-to-pí-a
Vocal cerrada/ sílaba seria/ estridente/ vocal abierta.
Tus labios se curvan en la u
besan en el aire y el beso se proyecta,
se multiplica y me roza muy breve.
En la o te pones serio y en la i sonríes,
todo mi cuerpo se inclina y aguarda
impaciente la anhelada a,
provocadora, sensual, utópica en la forma,
perfecta en su abertura, precipicio inútil 
del gemido aquel de chocolate helado.
Luego el orgasmo y por fin tus labios ahí
de par en par, dispuestos a recibirme como siempre,
como cada noche, en el sueño o la vigilia.
La palabra u-to-pí-a se desliza y va penetrando
mi corazón, mi búho ululante, mis ojos claros.

No me llames utopía, amor, no me lo digas,
o dejaré de existir: seré solo en tu mente
solo en tus brazos, en tus dedos, en tu guitarra,
mengana dulce tendida en tu cama
sin vos como testigo de este infierno frío,
primavera azul/ atardecer infinito/
ganas de volverme eterna en mis palabras,
en este violín viejo de tres cuerdas
que me mira fiero, con voz grave,
como si a través de él me imaginaras.
Soy y seré utopía mientras vivas
y a tu muerte, mi piel se hará carne mortal
como cualquier mujer sola y desnuda
que añorara el olor que te llevaste.


jueves, 9 de agosto de 2012

Pleamor


Una boca sumergida y ronca rebrota
      como un milagro desde el fondo
del pantano de tus ojos     indecentes
quemantes o lascivos     en la noche ruidosa
              de Blandos Aires
Permanecen los restos del naufragio
         entre nosotros
y algo me impide   distinguir
qué es frazada    qué almohada
              qué dedos
Qué es todo esto
derrumbándose sobre mi cuerpo
    de madrugada
Tu pecho guarda un rugido oceánico
       las olas nos arrastran sin remedio
Te hundes         te ahogas
           nos mueres
hacia abajo
    hacia abajo
            hacia
dentro
y lejos de esta orilla
Río de la Plata    río tembloroso
           Caos nuevo
Vuelve tarde   de noche   a oscuras
Sal de aquí  vete   márchate    huye
pero regresa a mi 
     desorden
Y déjame que te cuente que
             -esto-
 no es un poema sino
                         el pleamor
la paz    tan   anhelada
 la agitación          el oleaje

      de mis sentimientos

martes, 1 de mayo de 2012

Museo de ingenuidades

A la inocencia, siempre
Al amor, nunca
A M., ahora



Como una fugitiva que abandonase

                el lecho a la hora temprana

 en que

su esquivo amante duerme

bajo una nube                  

de sábanas

Así no he huido yo

 -al alba-

cuando la mejilla derecha

ha empezado a notar

desconocido el olor de

la almohada

El calor ajeno bajo

el edredón

de un cuerpo no muy diferente al mío

y sin embargo

tan distinto

-anoche-

La mejilla no ha tardado en contagiarme

 su extrañeza

Y ya mis ojos deberían haber averiguado

 el paradero de mis gafas

Pero no.

 Y de repente:

una voz                               un sonido ininteligible

 un murmullo apagado

Y más tarde:

 un ronquido animal como de tigre

 conteniendo la carcajada.

¿Quién ha metido una fiera en mi casa?

Aunque…

-Espera-

 si esta no es mi almohada

 ni ese mi despertador

ni llevo puesto el pijama

¿Habré sido raptada?

Me paro a pensar

y no recuerdo lo que

 estaba pensando

-anoche-

en sueños

Como si esta cama me hubiera robado

un pedazo          un fragmento                  de

 inexistencia

Mi secuestrador parece

un guerrero

preparado para entrar en batalla

de un momento a otro

Y da patadas,

 como un niño en el vientre

del vientre…

 de su poseedor

No encuentro el broche de las  botas

Ni los cordones del         sujetador

Sólo un ataúd                   negro

que me mira de arriba

 abajo

Como intentando desnudarme

 y

me decido a no mirar

Dentro

Por si me caigo

                -en el fondo- todo ha sido fácil:

recoger mis cosas y salir

de pun ti llas

Como si hubiéramos hecho

 algo malo

-anoche-

Mientras Tú

 las acariciabas y Yo los acariciaba:

Cuerdas tensas                     /         rizos elásticos

Notas roncas

 escapando de los            Dos

                -Es el paraíso-

me dijiste

-O el infierno visto

desde abajo-

Pensé   mientras

el corazón se debatía

Entre estallar         o          contraerse

hasta volverse un objeto

 más

o parte de las vitrinas invisibles

que forman tu museo de ingenuidades

para locos.

Hemos luchado y has ganado

Te mereces algo más

 que un beso

Y me gusta verte de vuelta

Jinete negro

 entre la polvareda

Héroe mestizo                 Dios malherido

Que acude a mis manos

y si pudiera

-anoche-

Te habría clavado las uñas

hasta gozar tu pena

Vibrar en tus pesares    ocultos

Y nada más que eso


Por fin desaparezco de tu

 cabeza

Y salgo al mundo de lunes

 a las ocho y media

Pero los edificios no eran            así          ayer

Y las personas no tenían

Esa ridícula         línea      curva

 en los labios

Cierro la puerta de golpe

y me voy

No taconeando…

Ni lloviendo…

Ni sintiendo…

Simplemente me marcho           y tú duermes

Hablas en sueños

Me llamas

entre llamas

de un incendio ficticio

que he metido en un cofre

–ése-

Para que cuando despiertes

si es que sigues vivo

Te duela la garganta       y una lágrima

caiga de tus ojos defectivos

al pensar en la cebolla

que desayunamos

-anoche-