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viernes, 11 de octubre de 2013

Gritos de mujer: Alejandra Pizarnik (1936-72)




Entonces tú dices Alejandra e inmediatamente ellos piensan: loca. Y es muy triste. Porque yo necesito de Alejandra, porque ella me acunó en su seno durante noches y noches en las que no podía hacer otra cosa que leerla en voz alta, traer sus versos a mis labios, sabernos una sola. 
Encontrarla fue muy hermoso. Pero más aún lo es saber que va a estar siempre cerca. Eso es un hecho. Y cuando el resto habla de suicidio, yo me tapo los oídos, por si las moscas.
Alejandra no está muerta, ¿cuántas veces tendré que repetirlo?

A continuación recojo una selección de sus heridas:


Escribes poemas
porque necesitas
un lugar
en donde sea lo que no es
                       
                     *

querer quedarse queriendo irse

                     *

si solamente hicieran una hoguera en mis labios
para quemar las sílabas que no se unen

                     *

Las cosas amarilleaban frente a mis ojos
recién venidos de un sueño de otoño.

                      *

no oigo los sonidos orgasmales de ciertas palabras preciosas.

                     *

entrar entrando adentro de una música al suicidio al nacimiento

                      *

Alguien entra en el silencio y me abandona.
Ahora la soledad no está sola.
Tú hablas como la noche.
Te anuncias como la sed.

                       *

Y nada será tuyo salvo un ir hacia donde no hay dónde.
                       
                        *

tu voz
en este no poder salirse las cosas
de mi mirada
ellas me desposeen
hacen de mí un barco sobre un río de piedras
si no es tu voz
lluvia sola en mi silencio de fiebres
tú me desatas los ojos
y por favor
que me hables
siempre

                         *

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

                          *

cuando vea los ojos
que tengo en los míos tatuados


viernes, 27 de septiembre de 2013

Gritos de mujer: Norah Lange (1905-1972)



Norah : la protegida de Borges, inspiradora de Leopoldo Marechal, compañera vital de Oliveio Girondo. 
Esta argentina fue uno de los minúsculos toques de color femenino en los años de la vanguardia. No solo su belleza exótica le granjeó un lugar en el círculo literario: fue sobre todo su arte de cuidados versos, que deja al desnudo su vibrátil condición de mujer abocada a la escritura. Se convirtió en la musa etérea de Girondo, pero ¿y su esencia? ¿Por qué olvidarla? 
Aquí está, por si fuera poco.


Todo el dolor derramado
                 sobre el paisaje.
La tarde transparente
         como un agua
se ha mirado en tus ojos.
  Lejos
      la noche arrodillada
          trenza tinieblas
          ante su espejo.
Mi corazón es un plenilunio de tristeza.

(La calle de la tarde, 1925)

viernes, 20 de septiembre de 2013

Gritos de mujer: Ana Istarú



Poeta y actriz costarricense nacida en san José en 1960. Desde los 15 años viene gritándonos su condición de mujer desbordada. Ha ganado premios teatrales, por supuesto. Tiene una larga cabellera negra y su sonrisa es reticente al paso de los años.










                                                      


A continuación, transcribo uno de sus poemas. Ana Istarú, torbellino con pies, te doy las gracias.



Venus encinta

Pleamar
soy, curvatura:
Venus hermosa
saliendo de su baño
con los pechos en punta, negrísimas
sus flores compitiendo
en latitud
con la Pulpa preciosa
de su vientre
redondo como vela,
repleto como el mundo.

De "Verbo madre" (1995)