martes, 24 de enero de 2012

Diario onírico: todo es sueño

Al abrir los ojos, se encontró a sí misma mirándose en un espejo.

Cerrar y abrir, abrir y cerrar. Un leve y aletargado pestañeo. Sus ojos, sus propios ojos, sus ojos azules le miraban directamente desde el más allá de su cuerpo, desde aquel otro ser con rostro perplejo que la observaba a hurtadillas, con cierta cautela, sin atreverse a sostenerle la mirada del todo. Aquellos otros ojos eran puro recelo, un conjunto inarmónico de pupilas ganando terreno, de negro sobre azul, de negro profundo, negro-negro.

Sin alterarse en absoluto, adelantó su mano temblorosa para ver cómo reaccionaba aquel rostro paralelo. Al principio no sintió nada, pero enseguida el tacto firme de una mano ajena rozó apenas la yema de sus dedos. Se apartó al instante, como si hubiese sentido un chispazo diminuto.

Entonces, esa mano que no era la suya, sino que venía del otro lado del espejo, la tomó con cuidado por la barbilla, y selló con cuidado sus labios con un beso de ala de pájaro, con un beso etéreo y transparente, como el que se le da a los niños en la frente para que puedan dormir tranquilos.

Un beso. Como si alguien pudiera darse a sí mismo un beso. Un autobeso. Un beso bilabial, unívoco, certero. Un beso que parece el premio de consuelo de una importante rifa, de un amañado sorteo.

Pues bien, a este breve encuentro de labios le siguió otro pestañeo, esta vez más prolongado en el tiempo.

Y al abrirlos, se dio cuenta de que no estaba ni mucho menos frente a un espejo. Un perfecto desconocido la miraba desde el umbral de unos ojos azules, tan parecidos a los suyos que podrían considerarse gemelos. Tal vez conocía a aquel desconocido que estaba tumbado frente a ella en la cama, tan cerca que sus cuerpos inmóviles casi se acoplaban en un solo cuerpo. Tal vez alguna vez, hace muchos años, ese rostro extrañado había sido parte de ella, de la sangre que latía en sus venas y de la pasión que latía en sus dedos. Tal vez se conocieron cuando ya había muerto el tiempo previsto para quererse, de modo que ahora simplemente se miraban el uno al otro, como amantes o enemigos, como compañeros de piso, de cama, de sábanas y almohada, como compañeros de sueños, oníricos.

Una vez aclaradas las dudas, pudo cerrar los ojos por fin, y abandonarse definitivamente a los deseos de Morfeo. Cuando despertó, quiso depositar un rápido beso en la mejilla de su reflejo, y sus labios se quedaron pegados súbitamente a una superficie rasa, sin volumen, sin temperatura, fría como un témpano de hielo.

Se apartó un poco para comprobar que, efectivamente, su boca había dejado un rastro de vaho en el espejo.

lunes, 9 de enero de 2012

Poética para labios

Labios, labios, labios
labios narrativos
y omniscientes,
intérpretes, traductores,
labios divergentes
labios en la cuerda floja
labios-granito, labios-esponja
labios de un solo labio
labios que se tropiezan en cada esquina
labios bisílabos.

Labios-diptongo, labios-hiato
Labios, labios, en todos los labios
mordisco
Pares de labios, labios en trío
o labios-personaje:
labios picarescos, sentimentales
labios bizantinos
Cómplices labios
ahorcados
labios-suicidio.

Labios que se cierran
en la última página
Labios por escribir todavía
labios-libro
Labios, labios, labios
cientos, miles, millones de labios
siempre labios
y nunca los míos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Fin




Como el libro que se cierra
y te deja en los ojos una huella húmeda
-tan difícil a veces de disimular-
así paso las últimas horas,
aprovechando los segundos con celo,
besando cada palabra dulce
mente dormida en los vaivenes del tiempo.
Quiero arrepentirme y quiero
desaprender ciertos recuerdos roncos,
rotos en mi corazón, de porcelana fría.
Puedo olvidarme de los ojos
que me hicieron daño y debo
hacerlo para no languidecer de hastío,
soledad, embrujo y abstinencia.
Juego al juego que me sé desde pequeña,
sin conocer las reglas, sin ganar nunca
porque soy mala con las trampas
y siempre me pillan cuando miento.
Conduzco un coche imaginario
viajo sin combustible, y conduzco
mis pensamientos más salvajes
a las orillas menos pobladas.
Recreo los nombres olvidados
como si se tratase de una adivinanza
y huelo la nostalgia en todas
y cada una de las empanadillas
que mi madre hace al horno en invierno.
Me visto con ropa nueva para no cansarme
de ver siempre la misma niña
mirándome desde el otro lado del espejo
con ojos de lentilla y flequillo oculto,
indomable melena ni lisa ni rizada,
labios ajados, tal vez huecos.
Leo en voz alta por las noches
para ahuyentar a los fantasmas y leo
siempre que el mundo me quiere ahorcar.
Abrazo mi perro de peluche grande
y grande es mi consuelo y mis sueños
siguen terminando en pesadilla.
Lloro despacito y tiemblo si pienso en eso
y en aquello, y eso otro, y lo de más allá,
porque mis errores han sido tantos tantos
que ya no tiene sentido creer que los Reyes Magos
vayan a traerme un cuerpo nuevo.
Muero con este año que se marcha y confío
en resucitar cuando suenen las campanadas
o mi tía se atragante con las uvas.
Para este año novato que se acerca
deseo desear menos y vivir más
y quizá envejecer despacio: sin fin.





lunes, 26 de diciembre de 2011

Yo lo llamo milagro

Brillaban

Deslumbraban

Hacían daño

Tienes los ojos del color hipotético

de los dioses en los que no creo

porque nunca me escucharon

Hoy te miro y sé no me hacen falta

Ellos: los invisibles, los buenos

¿los santos?

La poesía es vida,

las palabras, aliento

y nosotros, inmortales -como poco-

mientras las recitamos

Pide un deseo

Voy a volver de puntillas
de un lugar del que no quiero acordarme
porque se parece a ti y al sonido
opaco de tu risa entre dientes
y a las mariposas azules
que se escapan poco a poco
de tu lengua de brujo de Narnia.
Voy a entrar en tu vida a oscuras
para tropezarme con tantas
manos y brazos como pueda;
si caigo, tus labios amortiguarán mi caída
y si tiemblo, no sabrás
si sufro o si anhelo o si necesito
o si de repente tu beso me escuece
en algún lugar del que no quiero acordarme.
Voy a conmoverme cuando te marches
y voy a enfadarme si vuelves
con los ojos bajos a pedirme
un regalo que no te di entonces.
Cierra los ojos y aprende:
porque antes de que termine el año
quiero memorizar unos labios
que sepan alejarme de ese lugar exacto
de cuyo nombre no quiero acordarme.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Rubores estacionales






Huracán iracundo que estremece




adoquines sucios en las calles,




ya envuelve el corazón, ya ralentiza



los latidos de pulso renqueante.




No sé si es hoja en blanco mi vida,




o mas bien remolino; realidades




ocultas bajo alfombra de hojas secas




que fueron cabello de los árboles.



Enfrentarme no quiero a los colores,



en blanco y negro pinto los detalles,



el cielo en camisón de seda malva



cubre la desnudez de sus tirantes.



Sin piel regresaré a mis horizontes:



la noche bosteza; nunca es tarde.









sábado, 3 de diciembre de 2011

Última vez

Recuerdo aquel día como si hoy fuera entonces
y esa cama fuera esta cama
y esas manos fueran estas otras manos
que nunca te pertenecerán.
Nos recuerdo cansados y algo confusos
después de aquel juego hueco
que suponía el amor y sus vaivenes
y la posesión enfermiza de los cuerpos.
Si mal no recuerdo tus ojos abiertos
dudaban de la legitimidad
de nuestros actos y yo no podía
hablar y decirte que eso no era
lo que había leído en ciertas novelas.
Me recuerdo cohibida y aovillada
cubierta con el traje de mi piel,
sembrada de pálidos desperfectos
y te recuerdo maravillado
o dormido a la sombra
del vello sedoso de mi mente,
extrañado ante la estatura firme
del pez onírico tan lejos de tu ser.
Nos recuerdo y me asombro
de poder todavía evocarlo
con una nitidez absurda y irrepetible
como si fuera la primera y última vez.
No quiero más recuerdos que zapatos
en el armario y no quiero tu risa
ni tus sabores, ni la lengua salvaje
en la que hablábamos.
Prefiero recordarte solo a veces
cuando me miras despacio y me da por pensar
que estábamos equivocados
y que solo improvisábamos, en el fondo.