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jueves, 14 de febrero de 2013
Trío
Y la noche nos sorprendió haciendo lo que mejor se nos daba: yo con mi impaciencia habitual, vos con tu sigilo. La voz ronca, a ratos encrespada. Las pestañas con los pelos de punta, entre tanta tanta belleza. El blanco, el blanco, siempre el blanco: mensaje cifrado en cada pliegue. Dependiendo de la noche, tambores o tango de fondo. Yo, violín agudo en lo oscuro. Y las velas iluminando eso que está por aullar y que permanece, mientras tanto, en el aire.
Serenidad de juguete. Temblores entrelíneas y caos ácido. La postura, que no lo es todo, pero casi; y el cómo parar si se ha llegado a un punto y seguido. Sin comas ni nada, qué alboroto.
De repente el apetito y el másmásmás, esta noche no quiero otra cosa, por favor. No me detengas pase lo que pase. Nunca había estado tan desnuda y tan presente. Otros nos miran, con ojos encuadernados llenos de celos. Ah, qué embriaguez ésta de llenar el silencio con algo tan rotundo. Unas palabras. Muchas, muchísimas palabras. Y en la cama tres, esa es la regla básica, la única.
Vos, yo y él, siempre Él.
La noche nos sorprendió haciendo lo que mejor se nos daba: leyendo un libro.
jueves, 19 de abril de 2012
Mujer de perfil leyendo un libro
Derramada la luz sobre el vestido
sales de tu cuerpo y te revuelves
en torbellino inexplicable que pudiera
romper cadenas, quebrantar leyes.
Te yergues en postura tan soberbia
que enloquecido el libro en tu regazo
volaría a tus labios pajareramente
y de un zarpazo atraparía con violencia
la lengua que a los hombres aborrece.
Perfil augusto, estatua inaccesible
de iracunda mirada huracanada
que devora lujuriosa las portadas
y chupa con fruición los contenidos,
ya sabes que eres y serás hermosa
mientras el aleteo de tus párpados corrompa
la lluvia que resbala blandamente
sobre tus manos suaves, sosteniendo un libro.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Clímax
Espera
parece que no
y de pronto:
sacudida calambre dulzor
vislumbre y nada
todo nada
pupilas
rodillas
labio superior temblando
lentillas vibrando
gota de sudor en la nuca
que baja
y baja
va bajando la columna
para morir en
la última sílaba de la última frase
del libro más delicioso
que me ha devorado en vida
parece que no
y de pronto:
sacudida calambre dulzor
vislumbre y nada
todo nada
pupilas
rodillas
labio superior temblando
lentillas vibrando
gota de sudor en la nuca
que baja
y baja
va bajando la columna
para morir en
la última sílaba de la última frase
del libro más delicioso
que me ha devorado en vida
lunes, 9 de enero de 2012
Poética para labios
Labios, labios, labios
labios narrativos
y omniscientes,
intérpretes, traductores,
labios divergentes
labios en la cuerda floja
labios-granito, labios-esponja
labios de un solo labio
labios que se tropiezan en cada esquina
labios bisílabos.
Labios-diptongo, labios-hiato
Labios, labios, en todos los labios
mordisco
Pares de labios, labios en trío
o labios-personaje:
labios picarescos, sentimentales
labios bizantinos
Cómplices labios
ahorcados
labios-suicidio.
Labios que se cierran
en la última página
Labios por escribir todavía
labios-libro
Labios, labios, labios
cientos, miles, millones de labios
siempre labios
y nunca los míos.
labios narrativos
y omniscientes,
intérpretes, traductores,
labios divergentes
labios en la cuerda floja
labios-granito, labios-esponja
labios de un solo labio
labios que se tropiezan en cada esquina
labios bisílabos.
Labios-diptongo, labios-hiato
Labios, labios, en todos los labios
mordisco
Pares de labios, labios en trío
o labios-personaje:
labios picarescos, sentimentales
labios bizantinos
Cómplices labios
ahorcados
labios-suicidio.
Labios que se cierran
en la última página
Labios por escribir todavía
labios-libro
Labios, labios, labios
cientos, miles, millones de labios
siempre labios
y nunca los míos.
domingo, 27 de marzo de 2011
Suelas que no dejan huella: libros y soledad
Hoy está la mañana muy ventosa. Fíjate si está ventosa que se pega a los cristales de las ventanas con cierta desgana decimonónica, fantasmal. Sí, definitivamente me he hundido al ver las nubes encapotando el cielo primaveral, y he decidido no volver al Retiro a retirarme del todo. He decidido no madrugar; pese al frío y la humedad, me he quedado en la cama mirando el techo, repasando una tras otra las diminutas manchas en su blanco inmaculado: dieciocho años viéndolas sin saberlas encontrar, como si cada noche se revolvieran traviesas en su mundo particular. Si cierro los ojos, te veo sacándome descaradamente la lengua, apoyado en una esquina de mi cama, con los brazos cruzados y las pupilas muy negras detrás de las gafas.
Pero al abrirlos, y descubrir que mi torpe vista me ha vuelto a engañar: cómo me fastidia ser miope, -lo que no veo me lo tengo que inventar-.
Y otra vez me encuentro en las mismas, sin ningún plan mejor que sentarme a escribir, de corridilla, sandeces incomprensibles que a nadie puedan importar. Llevo ya toda la mañana garabateando bosquejos invisibles en una libreta, simplemente por el hecho de que no puedo parar. No estaría nada mal guardar todo este flujo de palabras desordenadas en una caja de zapatos, -o en cualquier otro lugar-, para destaparla cuando me siente a escribir y no que quede imaginación que derrochar. Incluso, tal vez, sería un buen momento para comenzar esa primera novela, el gran reto que tanto tiempo llevo queriendo emprender y me da miedo siquiera intentar.
Tanto leer a mi adorado Marsé me está empezado a trastornar: leo Caligrafía de los sueños y me hace sonreír, imaginando al Matarratas matando a ratos el tedio y la soledad, recreando a Ringo y sus aventis, al grupo de niños del Carmelo y del Guinardó con sus interminables historias precoces llenas de ingenio y ferocidad, y me siento a jugar con ellos, a recrear su macabra existencia, su vida mísera entre escombros y sueños, todo entremezclado, en perfecta hermandad.
Voy a curarme leyendo; voy a tumbarme en el sofá, -que ya duelen la espalda y el cuello de tanto teclear-, y hasta mañana si Dios quiere. -Que no sé yo si querrá...
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