Mostrando entradas con la etiqueta inocente a pesar de. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inocente a pesar de. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de octubre de 2013

Leda




tus ojos penumbra me observan

.su mirada animal es lo más parecido a un gato
             que haya maullado entre mis muslos (...)

         invento
  una mano vibrátil que te esculpa 
            como a busto griego
                    samotracia  sin labios y sin alas
           ángel en caída interminable

        me mezo y renazco con cada centímetro
                   tu cuerpo es trueno madera travesura
          .... ah....

 mis dedos prolongándose hacia ti sin llegar nunca
                    
            cisne blanco
cuerda                   pico 
    vocal             naranja

                          tus 
                          ojos penumbra me rasgan
                   
                  ______  qué poco durará la inocencia ______                


martes, 20 de agosto de 2013

crimen nº 6

La luna vaciándose de luz entre mis piernas y mis piernas
          vaciándose de ti mientras el viento

   La noche está llena de presagios y de cuerpos
       que no se juntan en una misma frase sino que permanecen
             intactos a la espera
   de una espera más larga        -tal vez-

                       Y qué me vas a contar tú
                                 si soy culpable de todas las muertes 
                       de todas
si soy tan inocente como el sida lo fue entonces

            Tus ojos me dan patadas

            Nos han robado el silencio
          
           Ya no nos queda corazón

     salvo para irle pidiendo al tiempo que se dé prisa
               que solo queremos rasgarnos la ropa a balazos y
                      no hacer daño a nadie, en serio

   Tampoco deseo dormir   no deseo adormecerme entre animales
         mientras ahí abajo  en un coche
               una pareja tiembla entre roces de agua y sus gemidos
          tienen toda la lógica del mundo

     
Empieza a desnudarme por arriba: mis pies están hundidos en el suelo


     

sábado, 23 de junio de 2012

Mujeres diminutas

A Marina y Lucía,
ardillas saltarinas
sobre la hierba mojada.
Dos niñas son
risas multiplicadas besándose
sobre la hierba ante mis ojos abiertos.
Se tocan y se ríen y se hacen cosquillas
juegan a deslizar la mano por la espalda
gemela en una postura indescifrable
               y artística   -muy lenta-.
Se huelen el alcohol en la boca y en las
pupilas dilatadas con rastros de dinamita.
Se saben tan niñas tan rubias tan dulces
que lo de sus abrazos es fraterno y tímido
como si de dos hermanas se tratase.
Ya no sé quién le robó a quién la inocencia
la sabiduría el miedo a fracasar
el miedo a proclamar a voz en grito
su amor puro como el intestino verde
de una flor atravesada
por una cerilla.
Ruedan a mi lado otros cuerpos suenan
en mi oído otras voces
-otros, otras, muchas, muy distintas-
                pero ninguna así:
con esa sencillez tan exquisita
envuelta en un vaivén de anocheceres
ante mis ojos satisfechos
contemplando el milagro que sois
vosotras niñas doradas
                    niñas adultas
ebrias de ese cóctel prohibido
al que yo llamo libertad.




domingo, 11 de septiembre de 2011

Mi edad de la inocencia




Se han marchado los niños, dejando a su paso un rastro de juguetes en la alfombra de hierba. Me siento a escribir como ese niño travieso que baja la empinada cuesta a toda velocidad con su bicicleta; los dos compartimos algo, los dos llevamos una misma marca en la sangre: la inocencia genuina de los espíritus temerarios, la valentía insospechada de los más débiles, la tendencia a cometer locuras dispares sin medir las consecuencias. Por eso no cambiaría por nada del mundo mis rodillas maltratadas de cicatrices, ostensible recuerdo de las heridas de infancia.
Mientras garabateo distraídamente en la libreta, -los niños juegan al pilla-pilla, el cielo se nubla y amenaza tormenta-, un gracioso bebé ha ido avanzando a trompicones hasta mi pierna, y ha encontrado un lugar donde quedarse: el vuelo de mi falda. Sus balbuceos ininteligibles resuenan en mi cabeza como gritos de auxilio. Le miro fijamente, intentando adentrarme en sus ojos grandes, muy grandes en esa carita tan pequeña de sonrosados mofletes, y por fin distingo un ramalazo de complicidad anclado en el fondo de ese estanque donde no hay peces, sino vida; una vida nueva como un milagro obstinado que crece sin ser consciente todavía de su presencia en el mundo.
Entonces, una sonrisa brota espontáneamente de mis labios hasta hacerse amplísima, y él me corresponde sin dudar un segundo, y comienza a reír, a dar palmas, a contagiarme su inusitada alegría. Así pues, sostengo su minúscula manita entre las mías y suspiro sin remedio.
De los árboles despistados han empezado a caer lentas las hojas. Es el verano que termina...