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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Retrato de mujer en gama fría

El que mira desde fuera por una ventana abierta 
no ve nunca tantas cosas como el que mira una ventana cerrada.
(Charles Baudelaire)


De su rostro en el cristal prendado
no deduzco sino el primer recuerdo:
           trotaba
      era un caballo distinto en las llanuras de América
sus crines largas de libertad y llanto y clases
       de un grado en literatura comparada.

               Lejos
        ella quería irse lejos del establo
  del estado sitio  irrespirable patria bajo su piel agujero.

 Ahora los labios se reconocen al contacto
          con el cristal su pelo es el sol de las cinco
 y media de la tarde falsamente tibia
           tras los muros de esta biblioteca
 que podría ser cualquier biblioteca de invierno.

             Negocian esos ojos negocian consigo mismos
   y ya no es la extranjera azul sino una mujer
               que sueña un regreso postergado y ese amor
     que ya nunca volverá a repetirse.

             Dentro de su jersey bosteza
      un libro que roza el anonimato.
           Los párpados se hacen escudo rojo y su risa
                      no puede traducirse a nuestro idioma.
         
            Luego tal vez me marcharé despacio  
      y no sabrá de mi rostro en el cristal prendado
             que al igual que el suyo es sólo un fragmento
         reducto triste de otra filología.  





       

sábado, 22 de junio de 2013

penúltima cena

(bocadillo de queso a medianoche           ella ríe con la boca llena)
   está sola en la cocina         mastica despacito
             treinta veces no es  mucho ni es poco
                    pero es suficiente  -tal vez-

             traga y se atraganta y no puede respirar y tose 
                     le asoman unas lágrimas muy tontas
                                -dos lágrimas-
                              su vida se humedece unos segundos 
                                                                y luego: 

                          volver a lavar platos/ secar platos/ lavar ojos 
                               secar ojos/ lavarse las entrañas
                                                           sacárselas de cuajo

        quedarse completamente inerme 
                                 la noche negra desnuda en el espejo
                                                  y ella         
                                       blanquecina y mustia
                                                  -sin corteza-

                   como el queso barato sobre el pan de molde

   


viernes, 26 de octubre de 2012

Cuarto boceto: tan sólo esencia



A la niña salvaje que revoluciona la Charca


Tienen a veces los cuerpos tatuados un paisaje:
     son playa o desierto, selva o montaña
pero pocos, muy pocos, son marinos
-submarinos como este que ahora falta
            acá dentro-
Vas a volver como el agua salada
    y no tendré que inventarte
           niña resbaladiza
pez sin escamas  ojos-marea alta
     para conservarte entre burbujas,
porque no hay acuario que te abarque
   sin hacerte cosquillas en la nuca.
   Tengo sed   me ahogo   en el aire
y el mate me ha contado tu secreto:
   llevabas el amor y la muerte
                 tatuados
mucho antes de que la tinta rozase tus pies.

domingo, 27 de mayo de 2012

Segundo boceto: la pincelada

A Eme

"Y yo sola con mis voces, y tú,
tanto estás del otro lado
que te confundo conmigo"
(Alejandra Pizarnik) 
Sueño vespertino de piernas
atrapado en un vuelo de gaviota,
rodillas que refrenan su caída,
dedos que descubren sus historias.
Así eres a mis ojos, Marina,
milagro de tirante fino y curvilíneo
escote de olas que no se detiene implorante
sino que permanece a la espera de
una orilla donde yacer unos segundos
de sagrada oscuridad entrecortada.
Risa que se te escapa y que me llena
los pulmones como si tuviese todo el mar
dentro del cuerpo, y sentirse un poco pez
cuando me dejas entrar en tu jaula
de fiera salvaje y tierna,
-pero muy humana,en el fondo-.
Me miras preocupada desde tu balcón de labios
sin barrotes y aspiro su aroma a vértigo
fortuito en la cima del mundo.
Me esmero por fabricar una sonrisa
a la medida de tus dedos y reposo la cabeza
en tu hombro sereno y admirable, mientras
ideamos un mapa de vidas por vivir
que ni siquiera son las nuestras.
Me preguntas si tengo hambre y sí
lo tengo: pero es hambre de futuro, es hambre
de nostalgias; un apetito voraz que me
devora y se devora y nos escupe
a las dos en medio de la Pampa.
Me preguntas y no puedo responderte:
-yo también puedo oírlo, a mí también
me estremece y tengo la piel a punto de
prorrumpir en sollozos;
Eme, por mucho que lo intente no puedo
decirte a quién de nosotras pertenece
el bombeo de ese corazón.


jueves, 19 de abril de 2012

Mujer de perfil leyendo un libro



Derramada la luz sobre el vestido
sales de tu cuerpo y te revuelves
en torbellino inexplicable que pudiera
romper cadenas, quebrantar leyes.
Te yergues en postura tan soberbia
que enloquecido el libro en tu regazo
volaría a tus labios pajareramente
y de un zarpazo atraparía con violencia
la lengua que a los hombres aborrece.
Perfil augusto, estatua inaccesible
de iracunda mirada huracanada
que devora lujuriosa las portadas
y chupa con fruición los contenidos,
ya sabes que eres y serás hermosa
mientras el aleteo de tus párpados corrompa
la lluvia que resbala blandamente
sobre tus manos suaves, sosteniendo un libro.

miércoles, 11 de abril de 2012

Primer boceto: la invención

A Eme
Apareces y aparecen tus pestañas
curvadas en un signo misterioso
-híbrido entre exclamación e interrogante-,
que disipa las dudas de mi lengua
y anticipa pensamientos perspicaces.
Apareces por la puerta o la ventana
como libélula onírica que sobrevolase
las flores viles, y al tiempo fuese creando
un paisaje luminoso donde
la luz no tuviese cabida
y el sol pareciese el garabato de un niño
en la pizarra gris de todas las escuelas
Apareces -creo- y desapareces
dejándonos tus brazos amarrados al cuerpo
y los besos pegados entre los dedos
del pie descalzo con que te vas
y si al fin te marchas, te persigue un sendero
trazado por la huella visible de las incógnitas
que dejas sin responder.
Tristes, buscarán consuelo en mis bolsillos.
Yo las iré dejando caer sobre el asfalto, y tristes
volverán a tus pestañas, como quien vuelve a su hogar
muchos inviernos después de haber envejecido.