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martes, 8 de octubre de 2013

olor de Oliver

Esta vez sucedió que nos robamos los eones
respectivos
tartamudeando,
celadamente,
uno a uno.
(Luisa Castro)
síntoma de una belleza primigenia
   tus cuerdas se hacen molde entre mis sienes
 
        del otro lado gimotea un gorrión
 que estuvo a punto de ser canario
 
               suena una música constante y ese ritmo
       ondea imprescindible en todas y cada una
                             de las hojas que abrazo sin memoria
 
              veo la India
 
         me hago cargo del verde
   el rojo no fue bastante sin embargo
             ya nada es incendio en mi llenura
 
          dejar atrás los signos y las heces
 volver a los márgenes del tiempo cuando las novias de otro
            los mesones secretos
las grandes hogueras
 
                      ¿escuchas México?
                        
       pero quién untó en dulce de leche la poesía
                                                para cuándo las clases de latín 

jueves, 27 de junio de 2013

complicaciones del parto

"La inspiración es lo que se te escapa
cuando sos literatura"
(Magui Testoni)

A mamá

imagina por un instante que tienes una hija de veinte años
               que escribe poesía       -o lo intenta-

  ahora imagina que tienes una poesía de veinte años
       (con casi 5 dioptrías en cada ojo
                   que se muerde las uñas
                            con dos piernas un ombligo para adentro
                          piel y habitación desordenadas)
                    a la que llamas hija:
                                               imagina esa poesía
              y entenderás a qué me refiero   (...)

              no puedo hacerte florituras
                      decir te quiero a gritos      o borrar el poema
                porque soy yo la que está     entre     los    espacios
                                   soy yo quien calla lo que siente      y
                                         soy yo la palabra que anhela ser tu niña

                    perdona mis errores y la tinta entre los dedos:
                                   no puedo evitarlos
                
                mamá
 no hace falta ser poeta para ver lo que tengo delante
                           lo supe entonces y lo sé ahora:

                                      por tus ojos azules desfila el Universo.

domingo, 12 de mayo de 2013

pasajera en trance*

a veces me sentía lejos de allí

no imaginaba lo que sería abrir el mail y ver
una oferta para la misma obra de teatro
sí la misma
el viento en un violín
que vimos aquella noche de tango y striptease
en un cuarto oscuro y apenas iluminado
por la luz de una vela muy pequeña

a veces me cruzaba a un español
un galleguito como quien dice
y su acento causaba en mis entrañas
una mezcla de complicidad y repugnancia
que estaba más allá de lo humano
 y luego
como si fuera inevitable
le preguntaba de dónde era 
qué había ido a hacer allí
en el orto del mundo
cuánto tiempo llevaba en Buenosayres
pero nunca nunca nunca
me atrevía a preguntarle si pensaba volver
a su casa en Vallecas o el barrio Salamanca

en ciertas ocasiones me inventaba
que había nacido en Rosario
aunque mis papás eran naturales de Entre Ríos
y que de cuando en cuando viajaba
hasta un pueblecito más allá de la pampa
San Martín de los Andes
que tiene unos lagos preciosos y azulísimos
como los ojos de Carla 
amiga de Magui
la santafesina

en realidad pocos sabían
por no decir nadie
que jamás había pisado esos lugares
salvo en sueños puntuales
decididamente estrafalarios 

lo cierto fue que un día me cansé
de Capital Federal
y me fui a recorrer el norte 
como una mujer que huyese 
del hombre que nunca la ha querido
y viajé tantos kilómetros
debajo de mi manta boliviana
que mis ojos perdieron la noción del espacio
que no del tiempo

me gustaba la sensación de caminar
sin buscarle respuestas a todo
instintivamente
y seguir el brillo de las mismas estrellas
que lucen en el cielo de Madrid
día y noche estrellas distantes

pero a veces me sentía lejos de allí

entonces decidí romperme los huesos
contra las piedras más picudas
y dejar mi cuerpo 
abandonado en un río seco
y volví a buscar a ese que amaba
para decírselo 
pero no salió bien
nada bien

hicimos el amor en ocasiones contadas
muy deprisa y muy borrachos
hasta agotar el año 
y las ganas de restregarnos los fallos
o de gemir alto
como las tortugas mercedinas

finalmente
nos dijimos adiós 
en una terminal de autobuses
a las seis de la mañana:
yo me esforcé en llorar un tiempo prudente
hasta que se me cerraron los ojos
y muchas horas más tarde
desperté en la frontera con Chile

estaba rodeada
de extraños de soledad y montañas
en proporciones incalculables

me sentí distinta
muy distinta
entonces supe lo que era echar raíz y
lo mucho que duele exiliarse


*título de una canción de Charly García







miércoles, 11 de julio de 2012

Prólogo a una vida infinita

Dos sonrisas diciéndose hasta luego en la esquina
de un bar entre dos calles que podrían ser cualquiera.
Aquí es donde nuestros senderos se bifurcan, niño grande,
por fin, después de tanta despedida inacabada
después del lío de brazos y piernas que hemos sido
en este tiempo tan propicio a las sábanas
y a los orgasmos literarios.
Hoy me mudo de piel para que la tristeza
no sea capaz de estrangular mis alegrías
tan tontas y tan comprensibles, después de todo.

Todo ha pasado rápido, como cuando tu coche
y las curvas y las manos y los frenos rotos
o las tardes de vamos al parque pero cuidado
con el banco aquel que se mueve con la pura
inercia silenciosa de los cuerpos.
No me aprietes tanto la cintura, no me sostengas,
puedo seguir adelante y tú lo sabes;
aunque no hayamos llegado al primer capítulo,
esta historia de prólogos me ha inyectado
tanto placer en vena que necesito embeberme.

De vida y más vida tratará nuestra obra maestra
y la tinta va siendo tan oscura y tan negra
que nada se olvidará conforme las páginas
vayan pasando hasta llegar a su fin.
Prometo que mis ojos no estarán tristes,
que mi voz será firme cuando lea en voz alta,
que mi lengua y mis alas conservarán su aliento,
su inocencia salvaje, su corazón indómito,
la belleza del rubor cuando me aman.
.
Argentina no va a secuestrarme para siempre
sino a teñir mis canas de colores,
y mis caras de sonrisas imperfectas.

Huele a mojado, pero el cielo no estalla
en lágrimas porque esto no es una despedida.

Hasta luego, compañero, espérame puntual
en esta misma página que he doblado en la esquina,
para que nos acordemos del momento
en que interrumpimos la lectura,
antes de que descargase la tormenta
sobre nuestras cabezas
unidas.