viernes, 7 de diciembre de 2012

La era Después del Fuerte




En el fondo eran cuatro niñitos abrazándose, diciéndose adiós con los ojos y con las voces y con las entrañas.

Tenían que abandonar el que había sido su rincón de juegos, y no era fácil desprenderse de los granos de arena que habían compartido durante tantas, tantísimas horas: los llevaban grabados en las palmas de las manos, adheridos casi, y entre los dedos de los pies. Era de ese tipo de recuerdos que jamás te sacas de las uñas, que permanece orgulloso de haberse hecho un hueco en tu interior. 
Como la saliva asoma a la boca del hambriento, la emoción se les escapaba a bocanadas, llenando el escaso aire comprendido entre cuatro paredes. 

Su casita de juegos está algo desmoronada. Tuvo un tiempo de esplendor porque ellos la hicieron hermosa y envidiable a los ojos de los demás niños. Allí era donde su amado fuerte se elevaba, hasta rozar las nubes -imaginarias siempre, sobre un lecho blando para saltar y hacer peleas, jugar al truco o a culo, ver películas y leer cuentos en voz alta, tocar instrumentos de cuerda o de viento, comer cualquier tontería para dormir después como bebés gordos y satisfechos.

Sus juegos no siempre eran tan inocentes. Pasadas las doce de la noche, los niños se emparejaban y emprendían investigaciones independientes. Todo estaba permitido, nada podía darles vergüenza  Sus gritos de placer resonaban en las paredes de su diminuto refugio, que se tambaleaba pero nunca llegaba a caerse. Tenía unos pilares muy fuertes, como el vínculo que les unía a los cuatro niños.
El más mayor bien podría haber sido el jefe. Tenía carácter y se hacía respetar, pero su apariencia seria duraba muy poco, tan poco como tarda un helado en derretirse. Sus ojos de color indefinible también se derretían cuando estaba contento y comía helado o ganaba una partida de cartas. Su aire felino intimidaba un poco al principio, pero sus amigos sabían que era un gatito bueno con las uñas un poco largas y los dientes afilados.
Trepaba con agilidad vertiginosa. No tenía miedo de nada, excepto de que un día su sueño de volar se cumpliese y no quisiera volver a la realidad jamás. 
Llevaba alma de fuerte en la sangre antes que ninguno. 

El segundo chico no era menos curioso. Su capacidad para comer hasta que la comida desapareciese del plato les maravillaba, y jugaban a ver quién le conseguía llenar. Creo que su fracaso fue rotundo. Los demás no entendían cómo podía caber tanta cosa en un cuerpo tan chiquito, y sus visitas al baño tenían fama de ser grandiosas, por su penetrante olor. 
Cantaba muy bien y muy alto canciones de rock, y a todos les entraba un nosequé de nostalgia y alegría al escucharle cada noche. Era gracioso y vivía poseído por un ser extraño llamado Gladis, al que intentaba aniquilar cortándose el pelo cada poco tiempo. 
Las dos chicas eran completamente diferentes, y al mismo tiempo, complementarias. Lo que una tenía de caótica, lo tenía la segunda de ordenada; y las melancolías de la más soñadora contrastaban con el espíritu alegre e incansable de la mayor de las dos. Se cuidaban entre ellas porque habían llegado hasta allí persiguiendo el mismo sueño. Ahora que lo tenían entre manos les gustaba compartirlo, mimarlo, moldearlo, comérselo en pequeñas dosis o grandes mordiscos. 
Las dos eran fuertes y valientes, niñas-mujeres que cuidaban de los chicos y los malcriaban cada tanto. 

Los cuatro amigos se sentaban en su fortaleza altísima y miraban desde arriba la ciudad de los mayores. Daba un poco de miedo observarlo todo desde ahí, pero no por ello resultaba menos excitante. Volaban por encima del resto y lo sabían, y cantaban la melodía de su canción favorita fundidos en un abrazo fraterno y único, cálido como solo pueden serlo los atardeceres desde su fuerte. 
Tralará... I´II be there for youu!! gritaron. Y así fue.

Allí permanecerán siempre. Allí siguen, no se han marchado nunca. No pueden. Su destino es volver y volver a jugar juntos, pase lo que pase, aunque vivan en lados opuestos del mundo.
La amistad no sabe de distancias ni habla idiomas diferentes.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Mi vida en cuadras

A Pedro Aznar, por su voz en vos  


Veinticuatro ciento cuarenta y seis
pasan de largo
los labios veloces sobre
el asfalto mojado de la avenida
San Martín
Caricias goteando en la nuca que me encrespan
toda y el cristal del bondi se deja llevar
ronroneando apenas
Ahora entiendo todo menos
los ojos lloviendo
Claro claro el cielo por encima si
nuestros pechos
Por dentro transcurre la tormenta
los relámpagos de punta a punta conmueven
De la Historia no saldremos vivos
Pero lo importante
Está
y la cumbia en el cientodiez casi vacío
Qué gracia el pibe del flequillo
Y hemos coincidido tantas veces en la cama
que negarte otra ronda sería tan tonto
como Apolinario Figueroa y sus
jacarandás
de repente Corrientes
morados y rosas y azules altísimos
Gritos en boca de nadie
ya fue
Existen en serio
cotos y días y noches
abiertos a todas horas por si apetece
un empacho
Mientras permanezca Bianca seremos
tan felices como un niñito saltando los charcos
A oscuras
voy a recorrer tus calles cuando no me esperes
bajaré del colectivo con
este paraguas flaco y enfermo pero
azul
y alegre como un búho de ojos brillantes
que me recuerda a vos con su sigilo
Outlet Hilados para crear Arte Natural
Fábrica de pizzas
Rojo amarillo rojo
Ah qué lejos quedan de mi barrio
tanto como
Palermo y Paternal
Paysandú y Charcas
un octavo y un decimocuarto piso
Con ese beso que me has dado
el sol se ha vuelto
la gran petit-mort
Y Buenos Aires no sé cómo
 sigue en pie
como si nada
hubiera sucedido


martes, 6 de noviembre de 2012

Hoy Paternal


A papá, por "Las mil y una noches" y otros cuentos  

Mis piernas flaquean y zozobra mi recuerdo
de tanto revivir las noches de "había una vez...."
Entonces una voz me llenaba
de cuentos de brujas, ogros, cuervos, guisantes,
leyendas para niños 
que fueron calando de a poco en mi mente oxidada
con alas etéreas de mundos posibles
mientras tú
sereno en una silla cercana
narrabas mi futuro con ojos de padre.
Nunca sabrás cuánta insistencia ponía en odiar los finales:
el momento en que la luz hacía plaf
y las pesadillas iban besando la almohada
con ojos amarillos de lobo.
Tal vez era ahí cuando reclamaba tu mano
firme y cálida y real 
y contaba tus dedos como quien cuenta ovejas
para conciliar el sueño.
A veces me dormía y otras veces 
me quedaba escuchando mi corazón
           latiendo 
y me daba miedo que fuera a estallar de improviso
o que al abrir los ojos no hubiera nadie en la silla
  sino una sombra gris
devoradora de niñas en pijama.

Quiero recordar y no puedo hacerlo:
me veo en la bici roja y tú corriendo
detrás
tú atento a mis eses y  oes y zetas.
Las tardes lentas de otoño y  de lluvia
pegada la cara al cristal de la academia de inglés
-aburrida-
y tú apareciendo de pronto
siempre tarde pero siempre chistoso
con el paraguas negro de mango interrogante.
Papá haciendo castañas en la chimenea
comiendo dulce o salado o 
con esa copita de vino tentadora y tenue.

Recordar es un lujo y 
cuando estoy triste lo hago sin barreras:
me viene a la cabeza el sonido de unas llaves
luego la puerta
y por fin la luz prendida
chasqueo de alpargatas subiendo la escalera
dieciséis peldaños
y por fin tú, otra vez, otra noche,
con tu broma en los ojos y la camiseta con manchas
tan querida.



viernes, 26 de octubre de 2012

Cuarto boceto: tan sólo esencia



A la niña salvaje que revoluciona la Charca


Tienen a veces los cuerpos tatuados un paisaje:
     son playa o desierto, selva o montaña
pero pocos, muy pocos, son marinos
-submarinos como este que ahora falta
            acá dentro-
Vas a volver como el agua salada
    y no tendré que inventarte
           niña resbaladiza
pez sin escamas  ojos-marea alta
     para conservarte entre burbujas,
porque no hay acuario que te abarque
   sin hacerte cosquillas en la nuca.
   Tengo sed   me ahogo   en el aire
y el mate me ha contado tu secreto:
   llevabas el amor y la muerte
                 tatuados
mucho antes de que la tinta rozase tus pies.

sábado, 20 de octubre de 2012

Desgarros y/o truenos


 A la Gema de hace tres meses,
que todavía tenía la habilidad de soñar 
Triste es tal vez el adjetivo que define
      mi boca solitaria desde lejos
He amanecido  -sí-
  no queda otra:
soportar la humedad porteña
  en los cristales grises
    recordar las pesadillas con miedo
a seguir atrapada en su espesura recién cortada
  despertar y que me falten dos manos
    una nariz mil pestañas veinte
dedos durmiendo en la cintura
   y una caricia breve

en la nuca

   la paz de unos ojos
            ah
  los míos en los tuyos
     y el frío afuera:
   húmedo y triste y solitario
                                             y
(ya me estoy repitiendo
 como siempre)

Qué tonto es pensarte allá en tu cama
    preguntarme qué has soñado y cómo
              en qué desorden
       si has sido feliz   si lo recuerdas acaso
           si llamea la llama y tu Alma
                 vuela y te devuelve
las ganas de quedarte
 o las ganas de volver aquí y arrancarme
               una pesadilla del pecho
que no deja de sonreír desde mis uñas
          y me acusa con rojo
                                  sin compasión
                    
 perversa

me voy a saber cuando estés maullando
      en mi vientre
    garras contra garras
y todas las libélulas acudan
   a verme rehacer el amor con mucho cuidado
        como el beso de dos niños
que huyeran de la infancia 
      con temblores


miércoles, 17 de octubre de 2012

La carrera mientras tanto


A Mauro
Cordillera de nubes galopando
        en el cielo aquel monstruoso
de belleza terrible y obscena
    que agranda mis ojos de lleno
y los desborda         los mece
        los escupe de vuelta
Y ya fue   ya fue   ya
   no tengo palabras poéticas
de ahí estos versos taciturnos
     sin demasiado orden
verso-latido
   pum pum
corazón      templado
        emociones intensas
Montevideo nervioso
ahora
     y luego
      a la muerte del sol
ciudad que no duerme
      fantasma sin sábana
abrazando hasta nunca
          mis manos hambrientas

lunes, 8 de octubre de 2012

Cuadro abstracto uno


Me quemas
y solo son cenizas lo que queda
         lo que quiero
           y
lo que quieto se remueve
   entre el mareo y la fiebre
 Piel enferma
Se fue el invierno
     el otoño se fue
tal vez
  debería amanecer vestida
   de colores relucientes
     pero me duelen
Te juro que cuando
   las letras duelen acá
me siento
      deshecha
y jirones son mis pies
    mente-que-vuela
          necesita existir con más
 fuerza más fuego
                más
    fundamento  pero
 si me quemas
                   olvido
   nada podrá salvarme
y tendrás que enterrar
 mis tontas
        estúpidas
 pero insistentes desganas de
           bibir