miércoles, 11 de julio de 2012

Prólogo a una vida infinita

Dos sonrisas diciéndose hasta luego en la esquina
de un bar entre dos calles que podrían ser cualquiera.
Aquí es donde nuestros senderos se bifurcan, niño grande,
por fin, después de tanta despedida inacabada
después del lío de brazos y piernas que hemos sido
en este tiempo tan propicio a las sábanas
y a los orgasmos literarios.
Hoy me mudo de piel para que la tristeza
no sea capaz de estrangular mis alegrías
tan tontas y tan comprensibles, después de todo.

Todo ha pasado rápido, como cuando tu coche
y las curvas y las manos y los frenos rotos
o las tardes de vamos al parque pero cuidado
con el banco aquel que se mueve con la pura
inercia silenciosa de los cuerpos.
No me aprietes tanto la cintura, no me sostengas,
puedo seguir adelante y tú lo sabes;
aunque no hayamos llegado al primer capítulo,
esta historia de prólogos me ha inyectado
tanto placer en vena que necesito embeberme.

De vida y más vida tratará nuestra obra maestra
y la tinta va siendo tan oscura y tan negra
que nada se olvidará conforme las páginas
vayan pasando hasta llegar a su fin.
Prometo que mis ojos no estarán tristes,
que mi voz será firme cuando lea en voz alta,
que mi lengua y mis alas conservarán su aliento,
su inocencia salvaje, su corazón indómito,
la belleza del rubor cuando me aman.
.
Argentina no va a secuestrarme para siempre
sino a teñir mis canas de colores,
y mis caras de sonrisas imperfectas.

Huele a mojado, pero el cielo no estalla
en lágrimas porque esto no es una despedida.

Hasta luego, compañero, espérame puntual
en esta misma página que he doblado en la esquina,
para que nos acordemos del momento
en que interrumpimos la lectura,
antes de que descargase la tormenta
sobre nuestras cabezas
unidas.

martes, 3 de julio de 2012

Un sueño más o menos



Durante mucho tiempo esperó un milagro,
que el sueño que Talita iba a contarle por
la mañana fuese también el que él había soñado.
Solo una vez, sin que ella le diera la menor
importancia, soñaron sueños análogos.
(J.Cortázar; Rayuela)
He soñado que corríamos desnudos por un bosque
que corríamos sobre y a través de él
aunque el bosque no existía
porque era una playa de hierba
de color azul intenso o verde o turquesa
y las ramas de los árboles eran blandas y blancas
como la espuma enredada en nuestras piernas
He soñado que éramos niños en la
selva de la infancia condenados
a sacarnos la lengua desde lo alto de un sauce
llorón que no era como el de pocahontas pero casi
porque hablaba y su voz envejecida
iba llenando mi boca de cuentos y leyendas
que sólo podía entender si extendía las manos
dejándolas caer sobre sus arrugas
                         imperecederas
llenas de feminidad y ojos grandes

He soñado que te leía en voz baja un libro antiguo
donde no eran los personajes los que salían
de las páginas sino tú y yo quienes nos
adentrábamos en ese mundo de caballerías
                hasta ser sólo ficticios
Y no eras don Quijote en tu disfraz
tampoco yo era Dulcinea
pero sí había Rocinantes y molinos
ventas con fantasmas hospitalarios
y muchas muchísimas estrellas en la Mancha
He soñado que soñábamos sueños paralelos
que nuestra lengua era una sola
lengua y que los dientes servían
para morder y desgarrar y sepultar en el olvido
las pesadillas los malambrunos
              las derrotas los miedos

domingo, 1 de julio de 2012

Lo fatal, lo fugaz: lo fortuito

Desde que llegaste
las noches se estiran sobre sí mismas
y me hacen muecas desde
el otro lado de la cama
Desde que has llegado
dormir no entra dentro de mis hábitos
nocturnales y ya solo puedo zambullir mis labios
entre las desiguales páginas de un libro
de poemas y doblar las esquinas
como quien dobla un verano
y doscientos inviernos
Desde que sé que ibas a llegar, julio, mes maldito,
mi ropa ha ido refugiándose en los armarios
y el ventilador me hace más compañía
que los despertadores y las agujas del reloj
de la pared siempre pausado
Desde que llegas, julio, hasta que te vas
transcurren segundos maravillosos
y tu calor va a caer sobre mí
-los termómetros lo han pronosticado-
sobre esta que soy yo
inevitablemente
van a precipitarse tus mediodías lentos al sol
los breves atardeceres de mosquito
y golondrinas en el cielo
las noches de historias al desnudo
los precipicios de caricias
blancas y llenas de pecas
pero sobre todo, ahora que has llegado,
añorado mes de julio,
quiero que me abraces y que congeles
el poco tiempo que falta para que te marches
y regreses por vigésima vez.


viernes, 29 de junio de 2012

La gema perfecta

A la auténtica Gema Palacios, mi madre
Dices que eres débil porque tus huesos
son de una fragilidad extrema,
y que tus manos se deshilachan
como botones a punto de quebrarse por dentro.
Y es cierto, ya no eres la chica de la melena,
y de los pantalones cortos y del bikini rosa.
Ya no eres esa porque eres esta de aquí:
la que me mira, se sonríe y adivina lo que pienso,
la que se enfada si hago las cosas mal
o si las dejo a medias o se me olvidan, pero
lo que no se me olvida es que hace veinte años
que lo sacrificaste todo por mí
para convertirte en una artista
que cultiva a sus hijas con el mismo amor
con el que toma un pincel entre los dedos,
y retrata el paisaje de sus días,
de sus noches, y de los aguaceros
que le quedan todavía por vivir.

Después de veinte años me separo de ti
y estaremos muy lejos, y te escribiré
largos poemas con perfume a nostalgia.
Y te juro que volveré siendo la misma,
pero más como tú: más valiente, más sabia
     más hermosa...

Aunque nunca vaya a tener unas piernas tan largas,
y unos huesos tan firmes como los tuyos, mamá.

jueves, 28 de junio de 2012

Deconstrucción del amante por piezas

I

Y tus nalgas irrumpen
y son una sorpresa,
como la luz que se cuela
a través de las persianas
y, sin más, nos despierta.

II

Y tu lengua es misterio
en su gruta perpetua,
criatura salvaje
serpiente luminosa
madrina de las fieras.

III

Y tus pezones pequeños
que lloriquean
parecen niños
al borde de la cuna 
si los rozan mis yemas.

IV

Y el corazón debajo
del vello
cuya belleza supera
 los sonidos audibles:
tambor que no cesa.

V

Y tus palabras aladas
emprenden el vuelo
y viajan
a través de los sueños
y parajes del alma.








martes, 26 de junio de 2012

Testamento inacabado

Y qué si se trata de mi propio infierno y qué si me disfrazo si me pierdo si me dejo mecer por otros brazos por otros hombres por otras sábanas manchadas
Ya nada y todo siempre nada en el mar pantanoso de mis ojos enloquecidos a punto de hundirse en el fondo oscurísimo de este túnel sin paredes ni luz ni suelo ni compañía
Me sobran dedos en las manos para contar los instantes de gloria y tendría que amputármelos todos si quisiera olvidar las horas de pañuelos de papel almohada húmeda y rojeces diversas en sitios específicos
Tanto libro y tanta libreta y tantos tantos bolis sin tinta encima de la mesa y entre los pliegues de mi cuerpo envenándome reescribiéndome resucitándome apenas
Para morir no hace falta morir de una enfermedad o de un atropello basta con fingir que te mantienes vivo mientras tus vísceras envejecen día tras día noche tras noche
En la tumba ya no me quedará voz para decir estas cosas o seguramente sí tenga voz pero no palabras porque las palabras caducan como los calendarios o los yogures o las tarjetas de la seguridad social
Con la que está cayendo con la de miles de personas que no tienen trabajo con la de malestar social que reina en todas partes cómo no desbordarse cómo no desmoronarse cómo no desesperarse ante lo insulsa que puede ser una vida sin gente que te apoye que te limpie los lagrimones y que te quiera cerca
Aunque al día siguiente cojas un avión y te marches lejos lejos donde nadie pueda rescatarte
Hoy ni siquiera tengo a Pizarnik y me lloran las uñas de los pies




sábado, 23 de junio de 2012

Mujeres diminutas

A Marina y Lucía,
ardillas saltarinas
sobre la hierba mojada.
Dos niñas son
risas multiplicadas besándose
sobre la hierba ante mis ojos abiertos.
Se tocan y se ríen y se hacen cosquillas
juegan a deslizar la mano por la espalda
gemela en una postura indescifrable
               y artística   -muy lenta-.
Se huelen el alcohol en la boca y en las
pupilas dilatadas con rastros de dinamita.
Se saben tan niñas tan rubias tan dulces
que lo de sus abrazos es fraterno y tímido
como si de dos hermanas se tratase.
Ya no sé quién le robó a quién la inocencia
la sabiduría el miedo a fracasar
el miedo a proclamar a voz en grito
su amor puro como el intestino verde
de una flor atravesada
por una cerilla.
Ruedan a mi lado otros cuerpos suenan
en mi oído otras voces
-otros, otras, muchas, muy distintas-
                pero ninguna así:
con esa sencillez tan exquisita
envuelta en un vaivén de anocheceres
ante mis ojos satisfechos
contemplando el milagro que sois
vosotras niñas doradas
                    niñas adultas
ebrias de ese cóctel prohibido
al que yo llamo libertad.