viernes, 7 de octubre de 2011

Hielo abrasador, fuego helado






Hace frío bajo el camisón suave

en esta habitación desmesurada;

ya los libros tiritan temblorosos

en su encuadernación de tapa blanda.


Hace frío en este corazón de azúcar

que pierde a cada paso el envoltorio

de camino al abismo de tu boca

que invoca este cuerpo transitorio.


Hace frío por dentro de la sangre

que recorre mis venas putrefactas.

Hace un calor tan frío que arrasa


hileras de botones a su paso,

dejándome desnuda y sin traje

que lucir en la nueva madrugada.








domingo, 2 de octubre de 2011

Imaginario sentimental








Correr, correr, correr

cada vez más deprisa

sobre el duro asfalto;

correr y agotar la vida

correr y morir despacio.


Pisar las hojas muertas

que despiden al verano,

pisar con fuerza, con la rabia

contenida en el pecho

estos dieciocho años.


Correr, correr, volar

cada vez más alto

hasta rozar lo etéreo

aunque tenga miedo

aunque sufra pánico.


Inventar tu figura

caminando sin prisa,

que acude a mi encuentro

con la misma sonrisa

en los labios entreabiertos.


Correr, correr, soñar

que un día nos detendremos;

correr, correr, seguir

corriendo hasta caer rendido
y eyacular estos versos.


martes, 27 de septiembre de 2011

No hay dónde






Desde dónde vengo.

Hacia dónde voy en este momento

y con estos ojos

llenos de luz en la tormenta.


Por qué son tantas las letras

que separan los morfemas

de nuestros verdaderos nombres.

Porque tenerlos los tenemos,

aunque los hayamos perdido

por no pronunciarlos lo suficiente

y tantas veces, hasta desgastar las sílabas

con el roce de las cuerdas vocales.


Cuándo vendrás a arrodillarte

a los pies de alguien ya moribundo,

tan penoso y frágil

que ha tocado fondo en el estanque sucio

del Retiro, y ni siquiera los patos

quieren saciar el hambre con sus restos.


Cómo sabré que no me adoras

en el silencio de tus ojos graves,

si me miras, tan perplejo y solo,

desde la torre más alta del castillo,

fortaleza inútil de cobardes.


Quién me dijo a mi que tú eras príncipe

que habría de quitarme el sueño

con un beso inexacto en los labios

y que me dormiría cada noche

escuchando una canción de cuna

en un idioma difente.


Desde dónde vengo.
Hacia dónde voy.

Hasta dónde llegaré

si mi dolor no tiene nombre

y se apellida jiménez.













viernes, 23 de septiembre de 2011

Instintos

¿Vienes?
Te adivino cerca
y vienen tus brazos de otoño
dejando caer las hojas secas
de tu melancolía.
Yo no sé
cómo atraparlas.
Se deslizan entre mis dedos
y no crujen una vez rotas
si las pisas descalzo.
Tal vez gritan.
Patalean las hojas
y languidecen, más tarde.
Y yo tengo ganas;
no sé de qué,
no son ganas de nada,
solo ganas:
tantas, tantas
que rozan el vértigo,
y que abisman los sentidos.
Ya solo quiero buscar abrigo
en los bolsillos anchos
de tu corazón desmontable,
quitarte la capucha a tientas
-aunque no llueva-,
y encarar octubre con calma
como si supiera que tú me perteneces
mientras huelan a castañas
asadas las pupilas en tus ojos
grandes, cálidos, amantes.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Zierzo






Dos copas de ron y medio litro
de cerveza más tarde
llegas a casa de tu abuela
con las uñas sucias y la cerradura
no quiere ceder a tus embistes.
Vas al baño, pones la radio de pilas
y mientras tarareas la canción
conocida, meas con ganas
como si todo fuera a desaparecer
al tirar de la cadena del váter.
Mandas los vicios a hacer gárgaras
de menta -con el listerine-
y piensas en lo forma rara
que tienen tus tetas por las noches
como si en vez de cimas de montañas
fuesen olvidados cráteres
con una chispa picuda
de lava roja y ardiente en el centro.
Por fin, la almohada en la cara,
das vueltas y más vueltas
y tus sábanas traman
la agonía blanca de tu muerte.
Imaginas un beso de hielo
en los labios acartonados
y sientes en la lengua un regusto
a desodorante malo y calcetines
que te provoca la náusea
misma que sintió en su día Sartre.
Vas a la nevera y bebes agua
a morro de la botella,
salvando el mal sabor de boca
con un pedazo de chocolate rancio
que aguardaba con malicia tu resaca
solo por complacerte.
De camino a la cama te cruzas
con el fantasma de siempre
que hace su ronda nocturna
con un empeño inédito
en su especie, y te saluda apenas
con un movimiento de cabeza.
Ignoras su mirada errante
dejas caer tu peso sobre el colchón
y no cambias de postura
por incómoda que sea.
Cuentas ovejas, leones y cebras
pero el sueño no viene.
Así que para cuando descubres
que clarea el cielo a través de las rayitas
horizontales de la persiana,
el despertador suena,
tus pestañas se derrumban
y por fin, te duermes.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Rendición






Con tu tacto tiembla todo
lo que antes era yo.

Tu boca abierta a-
tus ojos callan-do
re-inventando para
la sonrisa del sol.

Tu vida tengo en los dedos:
...do re mi fa sol la si do
















Complejo de Wendy



No las tienes todas contigo; y sin embargo, me miras.
Me estás mirando con los ojos muy abiertos, todo pupilas, enmarcados a fuego por un remolino de pestañas salvajes, leoninas, cazadoras casi. En esos labios que están a punto de suspiro han quedado atrapadas un centenar de preguntas, interrogantes sin respuesta que no dejan de acosarte un par de miles de veces al día. Y eso, sin tener en cuenta un margen de error que sin duda existe -aunque mi mente de letras no lo alcance a calcular-.
Sueño que me piensas las 23 horas que duran el día y la noche menos una, que es el tiempo que tardas en convencerte de que no deberías hacerlo, porque resulta una locura sin precedentes, un insistente quebradero de cabeza que no conduce a ningún lugar;
mientras, en un sitio no muy lejano, yo me balanceo sobre el hilo frágil que es mi vida. Alguien, que podrías ser tú o podrías no serlo, sostiene la cuerda firmemente, y lleva el recuento exacto de todos los pasos en falso, del vértigo y las dudas de última hora, así como de los minutos que restan para que dé el paso definitivo o salte al vacío.
El problema es que no quiero saltar todavía. Bueno, miento; cuando ya me dispongo a hacerlo siempre llega el pesado de turno (en masculino singular) que tira de la cuerda con todas sus fuerzas. Entonces vuelvo a retroceder hasta el principio, donde ya no tiemblo porque el suelo es firme, donde no hay peligro alguno si caigo.
La verdad es que le debo mucho a estos repentinos "Indiana Jones" que aparecen en mi vida para echarme el lazo cuando bien les viene. Sin ellos, andaría por ahí saltando abismos y metiendo la pata. Lo peor es cuando estos extraños individuos se hacen pasar por los otros, los hermanos gemelos malos (esto está muy de moda, es el antagonista del personaje bueno cuya diferente estriba en que viste de negro, véase Spiderman). Estos malévolos rufianes son todos esos individuos (en masculino plural) que te tienden las mano en el momento de mayor vulnerabilidad, y juegan contigo mientras les parece oportuno; después, simplemente, o bien te ponen la zancadilla en mitad de la cuerda, o bien te dan una patada en el culo.
En fin, resumiendo: yo lo que de verdad quiero es que una noche apacible del mes de septiembre, una sombra fugaz se cuele por mi ventana abierta, y su propietario sea el mismísimo Peter Pan, que ya cansado de contarles historias de piratas a los niños, venga a cantarme una nana. Pero, antes de cerrar los ojos, le pediré que me dé un puñadito de polvos mágicos, para seguirle a tientas a dondequiera que vaya.
Volaremos por encima de Madrid mientras duerme, nos comeremos de camino un pedacito de luna para que no vuelva a estar llena; y lo que es más importante, a partir de ahora, "Nunca Jamás" será "Siempre Siempre".