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domingo, 15 de julio de 2012

Síndrome de ausencia

La noche está quieta como si los árboles
       se hubiesen detenido
Acaba de parar un taxi en el portal
Me escuecen los ojos de las manos
Me lloran las yemas de los pies
         Tengo náuseas
Hace frío como para taparse y no
Porque luego el sudor detrás de la nuca
         descendiendo la espalda
          y calor
   Tem
         blo
              res
Solo un mensaje
       Palabras como espaldas
Espadas como ovarios
A las cinco de la madrugada
Me duele el pecho como si una bala
perforase mis órganos inevitables
Algo sangra en esta cama
Algo acaba de estornudar
-Jesús-

                       y no soy yo

lunes, 19 de septiembre de 2011

Zierzo






Dos copas de ron y medio litro
de cerveza más tarde
llegas a casa de tu abuela
con las uñas sucias y la cerradura
no quiere ceder a tus embistes.
Vas al baño, pones la radio de pilas
y mientras tarareas la canción
conocida, meas con ganas
como si todo fuera a desaparecer
al tirar de la cadena del váter.
Mandas los vicios a hacer gárgaras
de menta -con el listerine-
y piensas en lo forma rara
que tienen tus tetas por las noches
como si en vez de cimas de montañas
fuesen olvidados cráteres
con una chispa picuda
de lava roja y ardiente en el centro.
Por fin, la almohada en la cara,
das vueltas y más vueltas
y tus sábanas traman
la agonía blanca de tu muerte.
Imaginas un beso de hielo
en los labios acartonados
y sientes en la lengua un regusto
a desodorante malo y calcetines
que te provoca la náusea
misma que sintió en su día Sartre.
Vas a la nevera y bebes agua
a morro de la botella,
salvando el mal sabor de boca
con un pedazo de chocolate rancio
que aguardaba con malicia tu resaca
solo por complacerte.
De camino a la cama te cruzas
con el fantasma de siempre
que hace su ronda nocturna
con un empeño inédito
en su especie, y te saluda apenas
con un movimiento de cabeza.
Ignoras su mirada errante
dejas caer tu peso sobre el colchón
y no cambias de postura
por incómoda que sea.
Cuentas ovejas, leones y cebras
pero el sueño no viene.
Así que para cuando descubres
que clarea el cielo a través de las rayitas
horizontales de la persiana,
el despertador suena,
tus pestañas se derrumban
y por fin, te duermes.

lunes, 9 de mayo de 2011

Insomnio






Ha vuelto. Después de doce años de sueños placenteros, Charlie ha salido del armario.
-Y no, no me refiero a eso que estaís pensando, porque mi querido amiguito no es homosexual. O quizás lo sea, pero eso ahora mismo me importa un carajo-.
Mierda. Me da verdadero pánico apagar las luces de esta nueva habitación en la que duermo sola, -jamás pensé que diría esto, pero echo de menos los ronquidos de mi hermana-, porque sé que él está ahí dentro, y no tardará en salir con sus ojos demoníacos inyectados en sangre.
En realidad, le entiendo perfectamente, ¿quién puede estar de buen humor por la noche teniendo que soportar el peso de toneladas de ropa desordenada en un solo armario? Nadie. Y menos alguien tan exquisito como Charlie.
Porque mi querido monstruito no es un tipo cualquiera, no. Él es producto de mi imaginación, un ser fantástico nacido de esta cabecita loca, y lleva, por tanto, mi sello original. Con esto quiero decir, que ninguna otra persona está capacitada para ver u oír a dicho personaje, excepto su creadora.
Por este motivo, no voy a perder el tiempo describiendo a mi compañero de habitación, puesto que ninguno osará creer la historias contadas por una neúrotica. En fin, qué se le va a hacer. Me meteré en la cama, despacito, intentando no despertarle, y cerraré los ojos con fuerza.
Esta maldita noche de insomnio, no me permitiré un solo pestañeo romántico, no vaya a ser que el tonto del Charlie quiera, por si fuera poco, meterse en mi cama y babearme la almohada con aire conquistador.
Ya es medianoche y oigo ruidos sospechosos. ¿Quién será...?