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lunes, 25 de noviembre de 2013

Cosas que pasan cuando no me quedo callada

Una noche cualquiera me llegó un mail de un tipo que decía llamarse Munir, y que estaba interesado en hacerme una entrevista muy bestia. Acepté sin dudarlo. Sabía que él no era él y que las preguntas a las que me iba a someter no serían moco de pavo. Por supuesto, me lo tomé en serio. La literatura es una cosa muy seria salvo cuando se hace de broma. Y bueno, aquí está el resultado. No sé si habrá algún psicólogo en la sala, pero si es así, por favor, no tenga en cuenta mi descripción de las imágenes. Como hizo notar una vez un afamado crítico sobre mí: soy miope, y el número de dioptrías parece que es importante.

Sin más dilación, os dejo la entrevista: http://loslectoresbarbaros.blogspot.com.es/2013/11/e-ntrebitst-3-gema-palacios.html.
Si os quedan tripas para seguir leyendo, echadle un ojo al resto de entrevistas que ha realizado este hombre. Puro y duro realismo visceral:  http://loslectoresbarbaros.blogspot.com.es/


domingo, 17 de febrero de 2013

Terrorismo poético

A los escritores bastardos
Poesía es ponerse una media en la cabeza
y gritar sí a la ablación
mientras la gente se queda en silencio sepulcral
y luego se ríe y luego aplaude mucho
hasta quedarse sin manos
verdaderas.




domingo, 3 de junio de 2012

En zelo

Se han ido desvistiendo misteriosas
    las horas de la tarde
mientras tú me
  -embestías-
         y yo me
               -resistía-
a las miradas de inca furioso
  a punto de iniciar el combate
desde detrás del periódico.
    Habías empezado a excitarte
        con los anuncios de contactos
y erecto el pensamiento deambulaba
   de mis piernas      entreabiertas
        a mis ojos        entrecerrados pero atentos
 Fue inyectar mis pupilas en las tuyas
   pasarme la lengua por los labios
            y jadear un poquito
para tenerte casi encima con
        las piernas flexionadas
   -como si yo fuese un trampolín
en una piscina olímpica
   hecha a la medida de tus largos.. .-
Tomaste aire antes de saltar al vacío
      y mi humedad te recibió con
               ondulantes caricias
de textura viscosa
            Ya tu mano   juguetona
   en este tobogán      resbaladizo
            Ya tus dedos  columpiándose
entre   los
     desniveles       de mi
                    cuerpo
    recorriendo blandamente la ba
                                                   ja
                                                     da
   que modela mi vientre  y  mi       cintura
            deshaciendo tu calor en una caricia
 -larga-
    que se hunde en mis       gemidos
            Otórgame     tu     boca
     (y su eco de pueblos milenarios)
             Profana  con tu lengua
   el sabor tropical
 las cataratas del Iguazú
             Roza el Machu Pichu
             Y móntame
                  dómame
                     atraviésame
         con tu lanza poderosa
 despacio al principio
     y luego en bravos embates
    Deja las marcas de tus uñas en mi espalda
             y
Lentamente                   córrete dentro
Envuelto en un éxtaxis
Oscuro
            y retira tus dientes de mi cuello.

sábado, 12 de mayo de 2012

La semilla de nuestra podredumbre

Decidieron llamarnos poetas
       y lo hicieron
     hasta desgañitarse
                   o más bien
    hasta que se nos quedó grabado:
sois poetas sois poetas sois
            poetas sois
                         poetas
sois potaje de                        garbanzos
  -que viene a ser lo mismo si lo miras
             desde el punto de vista
     de la boca     del verso   del  estómago
                 que se abre
para recibir una
                         legumbre
un fruto del campo
                  o del trabajo
                     o  de la mano
de los hombres
     que lucharon
pero hoy
             se han ahorcado así:
entre sudores
               fríos y sílabas
 jugosas que albergan
             dentro
  mitad y media de sabroso
                       gusano.

lunes, 7 de mayo de 2012

Dios comido


Anti-dedicado a los escritores bárbaros
No somos

profanadores de tumbas.

No somos predicadores.

De tumbas no somos

enterradores:

sí cabezas           sí pensantes      sí habitantes

 de ataúdes        de sarcófagos                   o féretros

Nosotros los bárbaros barbarizamos hasta no dejar un hueco

-de barbarie-

en este hoyo pútrido e infecto 

  donde                no hace               falta

firmar testamentos        con sangre

sino con tinta espesa     bersos intoxicados

 de calamares.

               

sábado, 7 de abril de 2012

La torre de marfil

(Somnolencia ocasional y ojos entrecerrados. Se escucha de fondo un ronroneo intermitente de flamenco, y con cada nueva palmada, unos sorbos lentos del té caliente, aún en los vasos.) 
Dos de ellos juegan al oficio de ver pasar la vida mientras mueven obstinados las piezas de un viejo ajedrez, todo hecho de cristal. Una tercera les observa, con ojos felinos, desde un exquisito diván de cuero rojo, -que bien podría ser la colchoneta de una hamaca, mirada desde otra perspectiva-. Sus labios adquieren la redondez perfecta para aspirar una calada de tabaco, a todas luces invisible; y sus manos, olvidadas en el regazo, juegan con las sedas azules de su vestido vaporoso, donde no tiene cabida la imaginación. Sus piernas no están enfundadas en unas medias negras tupidas, y su ropa interior no es del H&M; no podría serlo, pues en ese rincón preciosista cada ínfimo detalle tiene valor. 
La dama de cortos cabellos rojizos inclina hacia atrás su rostro pétreo y desmayado, en un gracioso mohín silencioso, conteniendo la carcajada. Ya imagina pícaramente a sus dos amantes vestidos de cualquier manera, con gruesos jerseys de lana, y sus manos enfrascadas en la torre, el cabello, el alfil y el pezón, en la misma reina, que no es otra sino ella.. Mientras sus pensamientos se deslizan sin prisa, los jugadores siguen inmersos en el juego, completamente ajenos a estas perversidades.
 Son expertos, hiperbólicos rivales que piensan cada jugada durante mucho tiempo, por miedo a cometer un solo error. De vez en cuando, el de la izquierda atrapa su bombín, y lo hace girar sobre el dedo índice en un gesto de crispación; su compañero le lleva una ligerísima ventaja. El de la derecha, a su vez, sabe con tal certeza que va a ganar que entretiene su tiempo recitando algún que otro verso rubendariano, y mientras se atusa con cuidado bigote, roza con los ojos de vez en cuando a la joven de sedas, que yace aburrida en sin igual postura decadente.
(La melodía de fondo es sustituida por el gemido melancólico de un laúd. Las notas rasgan la templada noche, y un bostezo pedante procedente del distinguido caballero del bombín provoca el desenlace súbito del juego. Jaque mate.)
El ganador, sin poder disimular su regocijo y sin decir una sola palabra, se levanta de un saltito y cruza la sala para alcanzar su más preciado tesoro: el violín. Cualquier otro instrumento, ya fuese guitarra o armónica, habría desentonado en aquella sala espléndida. Dejándose llevar por su feroz instinto, improvisa al principio, y poco a poco va brotando un murmullo agradable que se apodera de sus conciencias y pensamientos. El laúd ha dejado de sonar, y hasta los tapices de colores -con dibujos geométricos, similares a los de ciertas alfombras árabes- que adornan las paredes, parecen estremecerse de gozo. 
Los rencores han quedado olvidados y, la dama, que ahora se halla en el centro de la sala, les sirve el té y sonríe, como ausente... Aquella atmósfera decadente le ha abierto el apetito. ¿Servirían manjares exóticos durante la cena?
Y es que, de repente, sin saber por qué ni cómo, le habían entrado unas ganas vergonzosas de comerse un bocadillo de jamón. 

lunes, 2 de abril de 2012

Balada de las noches nómadas


Jirones de silencio derramando
su aullido imperceptible en estas calles,
traficantes de naranjas atraviesan
la negra noche en nomadismo errante.
Pasos alados sin prisa
almas café y chocolate
extraterrestres azules
locuras versificables.
Y el bullicio de una Plaza Mayor
mente plagada de rufianes
que bajo la luna lunera
apuran el calor del mate.
No son vagabundos del todo
los de alma maleante,
tan sólo escritores bárbaros,
pero eso sí -desquiciantes-.