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domingo, 28 de abril de 2013

Buenosayres II

en cambio yo no te prometo nada
ni dinero, ni sexo, ni poesía
un yogur es lo más que podría ofrecerte
(Nicanor Parra)


Atardece de a poco en el parque Centenario. Los días se estiran con mate y bizcochitos agridulces, la noche se abre paso al ritmo de los tambores: es el ruidoso y alegre y festivo candombé. Se ríen los niños, mueven las piernas y los brazos, dejan que la música fluya a través de su cuerpo; nosotros intentamos no ser pisados.
Duele mirar los árboles que se reflejan en tus ojos. Son tan trepables ambos... y tan verdes. Dan ganas de subirse a ellos, pisar sus gigantescas raíces, saltar de rama en rama, arañarlos sin pudor y arrancarles unos pedacitos de corteza, y luego besarlos, abrazarlos, e incluso amarlos.
Si fuéramos árboles... -solías decir-, nuestras raíces estarían entremezcladas, y creceríamos a la par, unidos inevitablemente. Ahora rehago mis pasos para sentarme a la sombra de lo que podríamos haber sido. Ahora ya soy capaz de encontrarme con tu verdadero ser a los pies de la mujer-ángel. Ahora no temo mirar en el fondo sucio del estanque y verte con los ojos de mengana eterna, osada sobre todo.
Al igual que los patos  picotean la comida en los adoquines, yo descubro los sabores que me dejaste, el regusto a las tardes de domingo que parecen no terminarse nunca.

Un matecito es lo más que podías ofrecerme.
Cómo rechazarlo...



(Parque Centenario, Caballito, Buenos Aires)

sábado, 19 de enero de 2013

Balada para un loco obligado a ser cuerdo


Las tardecitas de Madrid tienen ese sí sé yo, ¿no crees? Sales de tu casa, por Antón Martín, o Prosperidad, o Argüelles, tampoco importa dónde. Es lo de tantas veces: en la calle y en ti...
Cuando de repente, me aparezco yo. Sí, yo: mezcla rara de frustrada tanguera y sangre española en peligroso equilibrio. La gorra de medio lado, chulería porteño-madrileña. La actitud de siempre: cabeza alta y ojos entrecerrados, frío y calor intermitente, pañuelos y guantes y pensamientos de colores. 
Melodías argentinas marcando el ritmo. Incapaz de perderse y de perderme, me obligas a caminar y a

recordar: del latín recordis, volver a pasar por el corazón
(E. Galeano)

"como aquella vez que caminamos hasta la Plaza Mayor, ¿verdad? Era el día de tu cumpleaños. Bebimos mate, que por aquel entonces aún me sabía amargo, y comimos naranjas y un par de porciones de chocolate nestlé que se había comprado Gonzalo antes de que cruzásemos a través de unos encapuchados con un cristo sobre los hombros. Muy bizarro. Y eso; caminamos muchísimo, creo que me duelen los pies desde entonces, en serio, y Madrid ... ahh, Madrid era la ciudad más inmensa que había visto en la vida, claro que todavía no conocía Buenos Ayres, qué ingenua, donde el miedo, la pasión 
                                                                                                              y las calles tenían otros nombres.  
 A diez cuadras de Rivadavia comenzaba la pampa. 
Se creía en la existencia del amor.
 Las muchachas usaban magníficas trenzas,
 y ni por sueño se hubieran pintado los labios
(R. Arlt)

o capaz que sí. En realidad, podría ser que mis verdaderos padres (o los padres que yo creo que son mis padres) fuesen argentinos, y desde niña, mis pies se hubiesen familiarizado con las aceras mal asfaltadas de san Telmo al cruzar Independencia hacia Parque Lezama, las luces de neón de los boliches, las paradas del 29 o el 141, en encrucijada, y por supuesto, los siete locos de Arlt y las lindísimas plazas borgianas con el típico pibe del gorro y la guitarra criolla cantando el tema de "flaca", puro sentimentalismo y lagrimones. En fin, qué sé yo..."
No me tomes por loca, carajo. Es un ejercicio entretenido y bastante coherente el de ponerse a recordar cuál fue nuestro pasado antes del pasado que recordamos, es decir, el que nos cuentan. Mi mamá dice que nací en La Quirón, un hospital de Zaragoza, y así figura en mi partida de nacimiento, pero, ¿y si fuera mentira? ¿Qué pasaría si lo "real" no existiese? ¿por qué tendría que ser disparatado construirme un origen "ficticio" basado en la intuición, hecho a mi medida? 

¿Vender nuestra verdad como si fuese mentira? Probemos
(H. Libertella)

aquello de inventar una historia o simplemente ir recordando fragmentos de nuestra vida que hubiéramos querido que sucedieran. En Buenos Ayres me enamoré de un violinista y fui tan feliz como nunca lo he sido; si él me hubiese amado, tal vez ni siquiera necesitaría seguir escribiendo esto, pero es mentira. 
Tan mentira o tan verdad como que Madrid, con eme, es Morada. Y Morir o Matar, que pertenecen al campo semántico de la Muerte, pero no son lo mismo


 y en realidad,  no me di cuenta de que no había
 matado a nadie hasta después de acabar 
de leer mi propio cuento
(Munir) 
que está tan lleno de citas como aquella carta que era un regalo pero más bien era otro cuento. 
-Ya lo sé, cómo si no te conociera aunque hayan pasado seis meses... Ay. Ahora tu pelo es más corto y el mío más largo, vos me hacés preguntas, muchas, y se supone que debería ser ágil con las respuestas. La conversación se va por las ramas, y cada vez son más intrincados y más frondosos nuestros árboles.
 A veces terminas contestándote a ti mismo, otras veces, ninguno dice nada porque no es necesario. Los ojos hablan por los codos, che.
 -A ver en cuánto tiempo se te quita el "chao", aunque yo lo sigo diciendo -dices al salir del bar.

No quiero que se vaya. Al igual que las tardecitas húmedas de Buenos Aires, en el Botánico, que tienen ese qué sé yo, ¿viste?
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el jardín botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa
(M. Benedetti)

como una libélula azul con las alas nerviosas, a punto de emprender el vuelo.



lunes, 24 de septiembre de 2012

El deseo o la realidad

      Voy a mamar poesía de tus pechos
como quien bebe mate a media tarde
                       para alargar las horas
o se masturba a solas en el baño
  o en una habitación con la puerta cerrada
    o abierta
 espiando su sombra en el espejo
    un ruido sospechoso al otro lado
   perdida la mirada entre las nubes
           entre los cielos
y más
  allá del cielo hay otro cielo
       que obsesiona
   el cielo azul/ rojo/ azulrojo/ rojoazul/
                                         que trae
                        nuevos aires.

lunes, 2 de abril de 2012

Balada de las noches nómadas


Jirones de silencio derramando
su aullido imperceptible en estas calles,
traficantes de naranjas atraviesan
la negra noche en nomadismo errante.
Pasos alados sin prisa
almas café y chocolate
extraterrestres azules
locuras versificables.
Y el bullicio de una Plaza Mayor
mente plagada de rufianes
que bajo la luna lunera
apuran el calor del mate.
No son vagabundos del todo
los de alma maleante,
tan sólo escritores bárbaros,
pero eso sí -desquiciantes-.