me he devanado el sexo buscando una respuesta
un estímulo sincero o mentiroso pero
por favor
que fuera tuyo:
eso pedía
y mientras tanto jadean los dientes y la lengua
se ha convertido en alfombra gris con pelusas
grises
y da náuseas y da risa
pánico es tal vez el sentimiento conocido
que acude a mis ojos a finales de junio
cuando se acerca muy lentamente
el día la fecha la hora:
el bandoneón suena
yo junto las piezas en secreto y paladeo
tu voz grave en el delirio
labios fatuos fuego suave
miedo oculto alma herida
indescifrable
miro las fotos
tus fotos
y son muy blancas
o muy negras
oscuras
lloran
mis piernas flexionadas
nunca tu peso me supo tan leve
*1.f. Corte en una superficie o en un cuerpo sólido cuando no llega a dividirlo del todo (RAE)
miércoles, 19 de junio de 2013
martes, 18 de junio de 2013
inferencias y temblores
quiero
describir la mano de la sombra que limpia o estremece
sus calles en su oscuro
quiero
describir (ya no pecar de adjetivos pomposos)
y que podáis ver las arrugas:
las concisas arrugas de la comisura
de sus labios tristes y dulces:
también tristes
quiero
sentir sus raíces hasta el fondo
adivinar su cárcel
su benévola cárcel de país con grietas
pero
Qué sexo podrá corromper/ cubrir / excavar/
su sombra de serpiente
Qué órgano agitará Qué teclas
y sobre todo
qué orgasmo Qué grito qué fonema
- malditos sean todos los alfabetos
ya no sé cómo explicarme...-
el mío es un idioma arcaizante pero no
importa en absoluto porque
sus ojos me están diciendo tantas cosas
que se quedan mis puntos sorprendidos
( . . . )
escucho sus cadencias dentro
me lloran como el hambre y ahora entiendo
por qué los pasos de noches de cebra
son tan como él
tan brillantes
describir la mano de la sombra que limpia o estremece
sus calles en su oscuro
quiero
describir (ya no pecar de adjetivos pomposos)
y que podáis ver las arrugas:
las concisas arrugas de la comisura
de sus labios tristes y dulces:
también tristes
quiero
sentir sus raíces hasta el fondo
adivinar su cárcel
su benévola cárcel de país con grietas
pero
Qué sexo podrá corromper/ cubrir / excavar/
su sombra de serpiente
Qué órgano agitará Qué teclas
y sobre todo
qué orgasmo Qué grito qué fonema
- malditos sean todos los alfabetos
ya no sé cómo explicarme...-
el mío es un idioma arcaizante pero no
importa en absoluto porque
sus ojos me están diciendo tantas cosas
que se quedan mis puntos sorprendidos
( . . . )
escucho sus cadencias dentro
me lloran como el hambre y ahora entiendo
por qué los pasos de noches de cebra
son tan como él
tan brillantes
miércoles, 12 de junio de 2013
vejez ahora
en aquel tiempo éramos viejos
y nada nos importaba demasiado
veíamos las mismas películas
tres cuatro cinco veces
y jugábamos al bingo por si la suerte...
pero no tocaba
morir era fácil
tanto como dejarse alimentar con cuchara
de palo en palo aprendimos a sumar
y leer se nos iba olvidando
conforme el invierno
y la nieve
en aquel tiempo éramos felices
y nada nos importaba demasiado
al otro lado de la ventana
desfilaban los sueños y los novios
de olor familiar y casi ausente
casi
los ladridos eran deslumbrantes:
todas las noches nos mirábamos
desde el lado opuesto de la cama
los ojos aliados y las manos
ah... las manos
quietas
en dulce la pasión callada...
y nuestros labios se agitaban
incontrolablemente
al recibir un regalo o una mala noticia
porque éramos viejos y felices
y sabíamos
que eso no duraría mucho tiempo
ahora tenemos 20 años
y ya no puede salvarnos nadie
domingo, 9 de junio de 2013
defensa de la palabra piel
se agrandaron mis ojos con el pasar de los años
la piel -en cambio- quedó intacta
la piel quedó
y yo aquí desnuda con tanto algodón dentro
sien por sien suave
años de mimosín guantes maternos
siempre me han picado los jerséis de lana
el encaje en las ingles
los hombres que se van cuando los quieres
nunca supe caminar sobre tacón
mantener el equilibrio no es uno de mis dones
pero
qué importa la altura
la camarera rubia el solomillo en tu pan
la hoja de lechuga en el plato
si llevo puesta mi piel
mi piel de entonces y de luego y de cada instante
yo como con los dedos
el queso se derrite al calor de la palabra
no quiero levantarme de esta silla
¿no vas a terminarte la cerveza?
vamos a ser nosotros mismos:
y siempre volver siempre
la piel -en cambio- quedó intacta
la piel quedó
y yo aquí desnuda con tanto algodón dentro
sien por sien suave
años de mimosín guantes maternos
siempre me han picado los jerséis de lana
el encaje en las ingles
los hombres que se van cuando los quieres
nunca supe caminar sobre tacón
mantener el equilibrio no es uno de mis dones
pero
qué importa la altura
la camarera rubia el solomillo en tu pan
la hoja de lechuga en el plato
si llevo puesta mi piel
mi piel de entonces y de luego y de cada instante
yo como con los dedos
el queso se derrite al calor de la palabra
no quiero levantarme de esta silla
¿no vas a terminarte la cerveza?
vamos a ser nosotros mismos:
y siempre volver siempre
lunes, 3 de junio de 2013
una valenciana casi maña en tierras inglesas
a mi amiga Clara, allá en donde las vacas y la comida picante,
donde el sol es intuición y delirio
fuera hace frío pero
tú nunca cierras la ventana del todo
tus pasos son firmes y no tiembla tu lengua aunque
hables otro idioma de repente
en el fondo sigues siendo la misma mujer
clara y sencilla de hace varios años
cuando todavía no éramos nosotras
y nuestras gafas eran similares
ahora soy más miope que antes pero
puedo decirte que me encanta verte de pie
con esa falda ajustada
blusa de encaje zapatos sin tacón
medias finas
porque te mereces todos los ojos del mundo
fijos en tu cintura
a punto de cometer un crimen
rebosas energía española y lo sabes
tienes ese don para hacer bien las cosas
dulzura materna tacto de manzana
y apetito de lobo
inagotable amiga:
no olvides el pimentón en la tostada
ni que tu casa está aquí, donde el calor
en este hueco preciso: ( )
fuera hace frío pero
tú nunca cierras el corazón del todo...
sábado, 1 de junio de 2013
El viajero
La vida es un país extranjero
(Jack Kerouac)
Cualquier día puedes estar atravesando Inglaterra en un autobús que bien podría ser un submarino. Es ancho el verde. Indescifrable incluso, diría yo. Como los estómagos de los ingleses que se alimentan de tristes sandwiches sin tener ni idea de lo que es un buen bocata de jamón serrano. Qué rico.
Has perdido la cuenta de los kilómetros desde hace varias millas. Los nombres de los carteles en la carretera no conducen a ninguna parte. Los brazos peludos de los camioneros capturan la atención de los rostros aburridos y fatigados. La niebla angustia. Crea la sensación de estar flotando en una piscina con demasiado cloro en el fondo. Y la llanura no para de tragar pájaros. De vomitar flores amarillas. Y las montañas... ¿por qué no nacieron hace tiempo? ¿a qué esperan para rebelarse y salir de sus orificios?
Y tu dirás, pero si es una isla, que sé yo... Pero aún así, le falta relieve: le faltan curvas.
La vida está llena de curvas, suaves y abruptas, tan lindas y transitables siempre. Y mar, mar por todas partes, mar gris que no invita a morir en él, ni siquiera desde un acantilado... Y a pesar de todo tú viajas, y viajarás, por esos lugares remotos que otros ya habrán pisado aunque a ti no te lo parezca. Vas a dormir apoyado en las mismas ventanas, contra su dura y fría y húmeda superficie. Porque llueve al otro lado. Que no pare nunca de llover es la ley única. Y fatídica, sobre todo.
Durante tus idas y venidas te irás encontrando con diversos y estrafalarios personajes. Es imposible viajar solo del todo, siempre hallarás a alguien que se arrime a tus pasos y acompase su ritmo al tuyo.
La clave es no tener nada encima: es inútil dibujar una ruta con lápiz en un mapa si realmente no persigues el propósito de llegar ahí, sino simplemente de estar on the road.
Lo mejor que puedes hacer es quitarte peso de la espalda. Desmembrarte. Dejar los fardos voluminosos tirados en el camino y seguir, seguir, seguir. El corazón y la cabeza bastan para emprender una aventura.
A veces, ni siquiera la cabeza es indispensable.
Sí el coraje; mucha fuerza y coraje son necesarios para no tener miedo de traspasar fronteras. Un par de cojones y un par de jerséis para resguardarte del frío. La lluvia solamente cala cuando pensamos en que puede llegar a mojar por dentro.
Por fuera, sólo nos arruga.
Y hablando de arrugas: vas a ver lo grande y lo viejo que te sientes mientras estés viviendo todas esas cosas. Vas a comprobar que jamás de los jamases se vuelve de un viaje siendo la misma persona que se marchó. Vas a cambiar, a convertirte en otro, en otros, a ser un individuo más en un país extranjero. En este país que resulta extranjero para todos nosotros, que es la vida.
Entonces ya no querrás regresar al nido ni volver a plegar las alas.
viernes, 31 de mayo de 2013
El vacío
G no sabe cómo lo hace, por qué siempre termina
cayendo en la misma trampa. Ha llegado a su casa tras un pequeño viaje y tiene
el presentimiento de que las cosas no van a estar igual a como las dejó unos
días antes, ni mucho menos.
G ha pensado de vez en cuando en O. Se ha acordado
de él especialmente al ver las camisetas de Bob Marley en el mercadillo de
Candem Town, sintiendo por dentro una especie de malestar, calentura y sosiego
a partes iguales. G tiene la impresión de que, haga lo que haga, siempre se da
de bruces con el vacío.
Enciende el ordenador y se conecta al mail con
lentitud deliberada, comiéndose las uñas por la impaciencia, retrasando lo que
está por venir. Le saluda la bandeja de entrada con cinco resplandecientes mensajes
sin leer. Sólo le interesa uno, el de O.
Lo mira fijamente. Luego cierra los ojos al tiempo
que hace click con el ratón sobre el correo en cuestión. No tiene asunto; ni
falta que hace.
Es largo. Consta de un encabezado cordial y cuatro
párrafos de diferente extensión, que se le antojan interminables, a pesar de no
serlo en absoluto. Hace una primera lectura rápidamente, tanto que apenas
consigue descifrar del todo las palabras que tiemblan en la pantalla. Hay
algunas mal escritas; otras, mal empleadas. Me explico: O es extranjero y a
veces tiene errores gramaticales, cosa que conmueve profundamente a G.
Ahora, G no sabe qué sentir.
Tras leer cada línea más despacio, empieza a
comprender lo que ya sabía, aquello que le había susurrado su intuición algo perversamente,
y que ella se había negado a creer de puro desconsuelo. G no ignoraba que O
tendría que marcharse más tarde o más temprano, regresar a su antigua vida, en
una ciudad extranjera de un país extranjero. Pero hasta que ese día llegara, le
apetecía compartir todos los libros y los orgasmos y las cervezas posibles con
él. Exprimir el tiempo hasta la última gota. Exprimir su boca hasta el último
beso.
Es muy soñadora, G. Pensándolo objetivamente se da
cuenta de que eso habría podido suceder en una novela barata, no en la vida
real. Leyendo las palabras de O, tan hermosas como tristes, G siente que ha
cometido un error yendo tan lejos; fantaseando tanto como le da de sí la
imaginación, que no es poco.
Con un suspiro, G se levanta de la silla y se deja
caer en la cama. Coge a Bolaño, el libro de relatos de Bolaño que le pidió
prestado a O para su viaje, y que no ha terminado todavía. Le resulta imposible
concentrarse. Cierra los ojos y muerde calladamente la almohada rosa que ha
venido con ella desde una ciudad chiquita al norte de Inglaterra, Newcastle.
Sus labios se curvan en un puchero. No tardan en aflorar las lágrimas, gruesas,
lentas, que dejan un reguero húmedo en las sábanas.
No quiere pensar en nada, y no es consciente de que
se ha quedado dormida hasta que le despierta la voz lejana de su madre. Es la
hora de comer, pero G no tiene hambre. Un puño invisible aprieta con fuerza su
estómago hacia dentro, y tiene la sensación de que sus vísceras están
aplastadas, huecas. Es de procedencia desconocida su dolor. Resulta absurdo
resistirse, así que le permite fluir a su capricho por sus venas. Calor, frío,
calor.
Un color: el verde. Cuando G piensa en los ojos
color verde de O, le escuecen las palmas de las manos y nota un dulzor detrás
de la lengua. Aquellos ojos, que nunca estaban del todo abiertos sino más bien
estirados, en forma de almendra o de algún otro fruto seco. Aquellos tiránicos
y bondadosos ojos que se habían detenido por primera vez en los suyos durante
un instante breve, posiblemente un martes, posiblemente en el aula 102 del
módulo IV de la facultad de Filosofía y Letras. Posiblemente.
Ahora echaba de menos ese verde que no era tan tan
verde, pero que lo parecía a simple vista. Recordaba haberlo visto en los ojos
de algunos gatos de la calle, en los niños rubios de los países lluviosos. O
había venido de uno de esos dos rincones, eso estaba claro. Era más alto que la
mayoría de los hombres con los que había estado. Para besarle tenía que ponerse
de puntillas y colgarse de sus hombros, como una niña en brazos de su padre.
Sus manos gigantes asediaban su cuerpo en centésimas de segundo, y G era una
mujer pequeña con una ilusión pequeña. Las rastas de O le hacían cosquillas en
la cara. Sus puntas de pelos tiesos estaban descuidadas, pero le sentaban bien.
Parecía un león; un león tranquilo, un león echando la siesta que esperase a
que su leona volviese de caza.
Porque G se convertía en una leona cuando la
acariciaban, y lo cierto es que había pasado muchos meses sin ser acariciada. G
anhelaba recuperar eso: despertarse con muchas ganas de vivir y no tener sueño
hasta muy entrada la noche. Reír sin motivo alguno. Garabatear algún que otro
poema más o menos mediocre y leerlo, leérselo a quien quisiera escucharla.
Cocinar tortillas de patata, de tamaño perfecto, de sabor perfecto. Caminar
acompañada en las noches frías. Que alguien la deseara. G no deseaba un O, pero
había aparecido por casualidad, y ella lo había recibido con el corazón
sobresaltado y las mejillas encendidas.
Ahora se apagan, blancas como el papel, contra la
almohada.
Los labios le saben a sangre. Morder le apacigua un
poco. Escucha gritos en la calle, cercanos. Se ha escondido el sol, pero dentro
de no mucho amanecerá. En la vida siempre amanece, pese a los agujeros.
G adivina el vacío. G olisquea la soledad. G no
opone resistencia: se va a la cama con ella y, sin preliminares, deja que tome
posesión de su cuerpo.
Después la espanta, como un amante que no quisiera
compartir su lecho o sus sueños con una extraña.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)