Mostrando entradas con la etiqueta sueño de una noche de verano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueño de una noche de verano. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de septiembre de 2013

ático



llueve
   y qué importa si llueve esta noche,
          si estamos a salvo bajo tu sonrisa 
                 mucho más amplia que todos los paraguas

                permanecemos de pie, sin movernos
                          la voz fluye  el alcohol fluye  la vida 
                     es del color de un peligro conocido
      
         hablas a borbotones con los ojos y te creo
                   me confieso celosa de la comida que engulles
                                y ya basta, escribir esto es permanecer,
                        saberse desnuda a la espera de algo
                              -de alguien-

      llueve
           y qué importa si llueve esta noche,
    si estoy a salvo bajo tu ignorancia 
                 que moja en silencio mis pupilas enormes
                                  

jueves, 9 de agosto de 2012

La insoportable brevedad del ser


Duermes con alguien aunque ese alguien
no duerma contigo.
Tiemblas y tus truenos internos son terribles
como la luna llena en el horizonte
a punto de suicidarse.
Te estremeces de dentro a fuera.
Las caricias lentas retrasan el momento
del diminuto estallido.
Los brazos que te rodean son tuyos
como ese poema que llevas escrito
en el centro de la frente
burlona
Arrugas el ceño pensativo y parece
que anidases en otro lugar en otra tierra
con unos ojos no tan distintos
de soles recostados en lechugas suaves
Tu abrigo es grande y negro
Mi ropa sumamente ligera
Mientes y miento
Todo nos enloquece
Buenos Aires gime a solas
Tu Alma ladra con tal fuerza
que tus sueños pasarán a ser los míos
en breve
y cuando extiendas tus alas
nada habrá que pueda retenerte a mi lado.
Estaré mucho tiempo desnuda y
mi cuerpo perderá su consistencia
para terminar desintegrándose en el viento.
Entonces no habrá azul que no conozca
Lince que no defienda
Porque esa mano blanda
acurrucada en mi nuca
unirá países continentes lenguas



miércoles, 9 de mayo de 2012

Léelo

Al Lope de Vega de los tiempos presentes

Escribías versos de peces de mares
azul marino transparente mirada
derretida en un labio que entonces
rabiaba por otro color y por otros placeres.
Me diste poco y con eso fue mucho
lo que desaprendí aquel verano de hace tanto
porque tanto calor congelaba mis noches
y a veces notaba una sierra punzante
clavada en la médula clavada en la tráquea.
No me enamoré porque no era propicio
o porque el vicio aquel me masturbaba
los ojos y no podía llorar de alegría
si nadie me había enseñado a coger
bien la cuerda y atármela al cuello muy fuerte
hasta rasgarme las yemas de los dedos.
Si no tú, ¿quién me habría protegido
del monstruo que tropezaba en mi alma?
Atrapada en los bises de tu amada tragedia
me desinflé como una pelota hinchable
el día de un partido decisivo mientras
ese dolor tan blanco fabricaba legañas.
Las fichas se cansaron y el juego quedó
en un empate y la tregua no fue de treinta años
sino de tres meses o cuatro o cinco
ya ni siquiera lo recuerdo...
No sé cómo explicar que todo fue un garabato
desordenando los poemas de mi vida
o una lluvia esdrújula de hipérboles 
siempre y nunca pegadas en las suelas
de mis botas marrones de todos los días.
Cuando yo me vaya cuando yo cruce el océano
cuando ya no puedas intuirme en los gestos
y en las palabras
Cuando esto suceda, tan solo léelo,
lee esta mierda de poema
repito léelo:
y que sepas que unos versos
pueden detener el tiempo a tu favor.