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viernes, 8 de abril de 2011

Diario de una provocación: escombro enamorado en el juego del ahorcado





Roto. Como un casco partido de una botella de vidrio. Así tengo yo el corazón: roto, torpe y herido. Sus gemidos lastimeros me atraviesan la garganta, y ya no es dulce contener sus alaridos, sus gritos fantasmagóricos de auxilio.


Me pide ayuda y no tengo cura, me pide calor y solo encuentro frío, mucho frío aquí dentro, aunque fuera la temperatura siga subiendo. Frío que muerde, con mordiscos diminutos pero asesinos. Frío de abril, frío.


Y avanzo a tientas en la oscuridad dándome de bruces con todas las esquinas. No tengo linterna: las pilas se gastaron y no las he vuelto a cambiar. Ni duracell ni nada.


Ahora me pregunto si merece la pena tanto sufrimiento por una tontería. Pero es que hoy, me lo ha dicho Jaramillo, y me lo he creído: eso de que el amor es el motor que mueve el universo, y que el amor es aquello que nos hace estar vivos.


Permíteme que dude, amiga mía, que dudar es principio de sabiduría, dijo un filósofo cuyo nombre no daré, a no ser por descarte. Y claro, no sé lo que me pierdo pero tengo un esbozo en mi cabeza, -mucho más que un boceto, siendo sincera, -y esa silueta borrosa amargamente inventada me causa tal obsesión que solo ansío tocarla y decir, "por fin, he llegado, estoy aquí".




También me da miedo conseguirla y no ser feliz. O ser feliz durante un tiempo, y perder los estribos ante esa "normalidad" del mundo que me pone esquizofrénica y me da ganas de gritar. La vida es mucho, mucho más. La vida no es tenerlo todo pensado, planeado, coloreado y más tarde pegado en un papel. Eso no sirve de nada. Lo que pasa es que el miedo a lo desconocido, al futuro sin resolver, para nuestros pies. A mí me da pánico, vértigo, pero cada día intento romper con el orden establecido, cometiendo un acto imprudente o alguna locura sin importancia, o simplemente viendo el mundo del revés.


Y prefiero no pensar que haré mañana o la semana que viene, para no tener la sensación de que las horas caducan, de que mi tiempo se agota, y que todo muere.


Creo que acabaré volviéndome loca si no lo estoy ya. Pero ni los psicólogos querrían tratarme Mañana comienza la cuenta atrás...










sábado, 26 de marzo de 2011

La lumbre de mis desvelos



Pues bien, para confirmar mi locura, -y también por ciertas creencias algo estrambóticas que rozan los rituales paganos, -escribo en estos momentos de soledad a la luz de las velas, sumida en la completa oscuridad, engullida por las sombras e inspirada por su voz temblorosa. Vista así, la vida tiene una tonalidad diferente.

A mi derecha, una pequeña vela blanca, cuya llama minúscula y firme se mantiene impasible mientras la miro, diminuta y azulada, como mi esperanza.
Apenas le queda ya olor, ni luz, ni nada.

A mi izquierda, -por casualidad, no por ideología, aunque bien podría ser, -una vela roja, grande, poderosa, que exhibe con orgullo una enorme llama entre amarilla y escarlata, que chisporrotea, que tiembla incontrolablemente durante unos segundos como si alguien invisible la soplara, -que espero que no, pues a esta velada no han sido invocados espíritus de ningún tipo: hasta la medianoche esas cosas no son aptas, -y no puedo evitar sonreírme al pensar de esa eterna luz tan brillante es símbolo de la pasión que me embriaga, y sé que puedo jugar con ella, provocarla, darle aire, acariciarla con la punta de los dedos, que no se rendirá sin más, que no osará apagarse. Me da miedo tocarla durante un minuto seguido y abrasarme, pero su fuerza es tal, su magnetismo es tan intenso, que es dejar de verla y echarla de menos.

Estoy como una regadera, pero me importa más bien poco.
La cera se derrama despacio, y mis palabras se adhieren a su ritmo sagrado.

"..Tengo vacías las manos, no sé lo que me pasa, estoy poseída, -que no sea por el diablo, que ya solo eso me faltaba-, y aunque estoy sentada, me siento flotando, levitando...
O delirando quizás. Será más bien esto último, porque emprender el vuelo sola me da miedo, porque sé que ahora no soy capaz de rozar el cielo; ya no. Que mis dedos arden por alcanzar las nubes, por recuperar los recuerdos. -Y es que, claro, el tequila nubló mi memoria: nuestros esporádicos encuentros, la risa edulcorada, los aditivos de tu aliento, mis palabras y las tuyas, nuestros bailes, -casi profesionales, -y el imaginario de los besos.

De vez en cuando voy recuperando sus ecos: un deseo no formulado, un intercambio de miradas, un -perdóname-, y la distancia de por medio; el cosquilleo impertinente detrás de los oídos,
el lenguaje de los silencios, y el pestañeo incansable que te hizo echarme de menos.
Creo que hablé demasiado, que recité unos versos improvisados cuando íbamos caminando, que soñé, -o que soñamos más bien-, con ser simples enamorados, dos personajes de cuento ficcionalmente extraordinarios."
La vela blanca se ha apagado inexplicablemente. Todo ha terminado. La inspiración se marcha, y ya no me siento con ánimo. Dejaré que la única vela que me ilumina se consuma despacio.
Hoy mi pensamiento es incendiario. Y mi cuerpo, este cuerpo desorientado, no sé dónde lo he dejado olvidado. -Le concederé un tregua solo por esta noche; así seré un simple espíritu desahuciado-.

martes, 8 de marzo de 2011

Lluvia que incita al pecado



Hoy no llueve sobre mojado.

Pero levanto la vista al cielo,
y descubro húmedos mis párpados.
Iluminación súbita que atraviesa
mi mente, y siempre termina en charco...

Salir a la calle resulta de locos,
paraguas en mano voy bailando.
La sonrisa es perpetua, casi invisible,
luchar es propio de mi abecedario.

Y resulta paradójico escribir así:
completamente a oscuras sigo tecleando.
Que la luz sin avisar ha hecho huelga;
nos ha dejado con la palabra en los labios.

A mí que no me quiten la voz ni la poesía,
que es mi forma de vida a diario.
En verso lo digo todo y no digo nada,
Pienso en ese sueño que me has robado.

Luego voy y me acuerdo de la luna,
pedacito de luz hermoso y extraño:
ayer tenía forma de uña o de sonrisa.
Hoy ya nada me parece tan raro.

La vida tiene tintes de caos y armonía:
vivir resulta un desafío inesperado.

No,hoy tampoco llueve sobre mojado…

sábado, 29 de enero de 2011

Éxtasis

Ahí, justo en la curva donde termina mi espalda, quiero que reposes tus labios hasta quedarte dormido. Ahí es donde nacen todos los sueños y mueren todas las esperanzas. Ahí, donde nunca habitará el olvido.
Y es que hoy quiero reinventar un recuerdo que no sabemos si es nuestro o se lo llevaron las nubes. -Esas nubes que ahora miro, temblorosas en el cielo, obstinadas en su negrura a hacer cabecear al sol e imponer su sonata triste de lluvia-.
Tal vez estábamos demasiado cansados, y estaba demasiado oscuro, y por eso.
De vez en cuando imaginaba tu boca asimétrica deslizándose sobre mi frente inquieta y febril, casi llorosa. Y es que mis ojos hacía no mucho tiempo habían estado inundados en lágrimas, y todavía conservaban intacta la huella húmeda de la salinidad imperfecta.
Mordiéndome los labios alejaba de mí cualquier preludio de un gemido. Pero eso no quería decir que mi pecho no se agitara, o que mis ojos no se abrieran de repente al sentir tu mano en la piel desnuda. Buscando... - ¿ay!- encontrando.
Y luego la vuelta a casa, escrutando mi reflejo en las ventanas de un vagón de metro: las pupilas desbordadas, las mejillas encendidas y el cabello alborotado, los hombros nerviosos y las caderas bamboleantes, las botas desatadas, los calcetines arrugados, la vida entre paréntesis.
(...)

miércoles, 12 de enero de 2011

Romance vulnerable


Nunca unos ojos pudieron,
vencerme en una batalla:
esa en la que dos miradas
se tocan, besan y abrazan.
Nunca unas manos blandieron,
tales persuasivas armas,
que con su filo certero
mi corazón ya traspasan.
Nunca unos versos tocaron
tan hondamente mi alma,
con ese rumor tan suave
de arroyo, viento y cascada.
Nunca hubiera imaginado
tener tu vida enjaulada,
ser sólamente palabras
por tu pluma inventadas.

Nunca me prohibí en silencio
mantenerme siempre callada:
hoy mi voz es un romance
que empieza, pero no acaba...